lunes, 7 de abril de 2008

Un clavo sí saca a otro clavo

Odio con toda el alma los anglisismos, cuando irónicamente soy una persona que al hablar se expresa con muchas palabras en inglés. Pero por lo mismo, me genera un gran conflicto escribir la palabra fútbol, derivación fonética de football, en lugar de su correcta grafía. En fin, si para la RAE está bien, ¿quién soy yo para juzgarla?

En mi primaria, como en el resto de las escuelas de este país, el deporte nacional era el fútbol. Mis compañeritos, todos seguidores del América, parecían sacados de un anuncio de Televisa: comían, respiraban, soñaban y cagaban fútbol. Para mí era mucha presión, ya que aunque no me desagradaba para nada el deporte, mis intereses estaban diversificados. Me encantaba la clase de música y tocar los xilófonos de madera, dibujaba por horas, me metía a la biblioteca y devoraba todos los libros que podía de Dr. Seuss, además de echar con mis amigos la cascarita en el recreo. Me acuerdo perfecto de mi momento más glorioso jugando soccer (¿por qué no escribimos "sóquer"?) cuando de puro churro dejé mi puesto de defensa, recorrí la banda derecha, me cayó un balón rebotado justo en la pierna y disparé para anotar el gol con el que mi equipo, el Quinto A, le ganó una final a Sexto. El problema eran los cinco niños de mi salón que tenían pasatiempos limitados y sólo vivían para el fútbol. Mi amigo Gabriel y yo nos vimos en más de una ocasión teniendo que jugar partidos en contra de nuestra voluntad, para completar el equipo. En esta edad tan formativa, es terrible obligar a un niño a hacer algo que no quiere, así que me traumé y aunque no me he perdido un mundial, una Copa Europea o finales importantes, mandé el fútbol a la chingada.

Hay algo en seguir a un equipo, sin importar el deporte, que llena un gran vacío en el macho (y algunas hembras) de la especie humana y creo está relacionado con la testosterona y la adrenalina que se libera durante un encuentro. En mi caso lo llenaban con el basket. Siempre he seguido a los Sonics de Seattle, por todo el cariño que le guardo a esta ciudad y por la oportunidad de poder ver algunos partidos ahí. En cuanto al fútbol, todos mis primos lo practicaban e incluso uno tuvo propuestas para ser arquero profesional, hasta que mi tío atajó sus sueños y lo convenció en un lance espectacular de ser arquitecto. En la familia existía una gran rivalidad entre los Nava-Townsend que le iban al América y los Pinelo-Nava, hinchas de las Chivas. En casa de los Nava-Kainz, mi padre apoya a su alma mater, los Pumas de la UNAM, aunque como muchos mexicanos, es un americanista de clóset.

A mediados de los años 90 si alguien me preguntaba a quién le iba, yo respondía "villamelonamente"que al Atlas, porque no veía muchos partidos y sólo me enteraba de los resultados. Esto ocurrió porque mi abuelo, el austriaco, vivía en Guadalajara y además era el equipo del que es aficionado Trino Camacho. En esa época yo era muy fan del monero tapatío. Amaba al Santos (que hacía junto a Jis) y el Galimatías, la sección que tenía dentro del programa Blanco y Negro con Carmen Aristegui y Javier Solórzano, donde doblaba películas antiguas de Superman, Batman y el Llanero Solitario y parodiaba situaciones políticas de la época, desde el "error de diciembre", hasta el asesinato de Colosio.

Doce años después, los Sonics de Seattle están a punto de ser exportados a Oklahoma y sus dueños llevan un par de años dinamitando al equipo para hacer un cochinero administrativo y así, lograr una huida más rápida de la ciudad. Mi afición deportista había quedado huérfana, por lo que empecé a seguir los partidos del Atlas. Vi con gusto como Andrés Guardado se fue al Deportivo la Coruña y con tristeza como fueron el peor equipo del torneo pasado. Este año, no han mejorado mucho, pero el equipo clasificó por un volado a la Copa Libertadores lo que cambió su actitud de juego en el campeonato mexicano. Yo paralelamente, quise llevar mi fanatismo a otro nivel y en el puente pasado hice un viaje relámpago a Guadalajara con mi cuñado (Puma) y hermana (sin equipo), para bautizarme con la la siempre fiel porra del Atlas, la Barra 51.

Mi visita junto con los Pumas al estadio Jalisco fue por demás emocionante. Al medio tiempo, los rojinegros se fueron al vestidor con un hombre menos y perdiendo 2-0. Pero al iniciar la segunda mitad y tras un cambio afortunado, Omar Flores entró al partido y anotó rápidamente de cabeza. El equipo de la Universidad tuvo tantas llegadas, como mala suerte para concretarlas. Cuando parecía que los Pumas se robarían tres puntos de Guadalajara, en el minuto 93, habiendo ya transcurrido el tiempo reglamentario, Bruno Marioni cobró un penal para empatar el partido. Yo me uní al grito eufórico de "gol"con los otros treintaytantosmil atlistas que asistieron al estadio. En ese momento, pegando de brincos, no sólo superé los traumas de mi niñez, también me entregué a una nueva relación que espero esté llena de goles.

sábado, 22 de marzo de 2008

La suerte bajo el microscopio

En la edición de marzo (que está próxima a desaparecer) de la revista Quo aparece un artículo que escribí sobre la suerte, el cual sufrió algunas modificaciones por parte de mis editores. Entre las bajas está una entrevista que hice con el astrólogo Jaime Polanco y una que otra "jiribilla" que no encajaba en el formato de la revista.
A continuación, el Author's Cut de dicho artículo:


La suerte bajo el microscopio

Por Antonio J. Nava

Una noche de regreso de cenar con mi papá, cuando tenía unos 12 años, se me ocurrió preguntarle qué hacer para ligarme a la chava que me gustaba. En su época, mi papá siempre se cotizó muy bien con las chicas y realmente necesitaba su consejo. Me contestó que los hombres no ligan a las mujeres, que ellas nos ligan a nosotros. No entendí. Me explicó que lo único que yo tenía que hacer para “ligar” era estar atento a las señales que me mandaran las mujeres y sobretodo tener la seguridad para enfrentarlas. Hace aproximadamente un mes conocí a una mujer maravillosa con la que creo tener toda la química del mundo y no pude dejar de recordar el sabio consejo de mi papá. Sin embargo, con toda su experiencia, mi padre olvidó decirme algo que es fundamental. No importa el tamaño del reto, ante cualquier cruzada se necesita tener buena suerte, y es que la mujer en cuestión, la chica que me ha quitado tantas horas de procesos mentales, tiene novio.

Después de estudiar economía y llevar cerca de diez materias de estadística en la carrera, me cuesta trabajo pensar que la suerte es una fuerza sobrenatural que nos envuelve y determina nuestro destino. Independientemente de cómo la percibamos o qué características le atribuyamos, es una realidad que al final del día, nuestras vidas están a su merced. El simple hecho de abrir los ojos cada mañana, nos pone en su total disposición, tanto para lo bueno como lo malo. ¿Cómo saber que nos deparan las siguientes horas? Tal vez es el día que nuestro jefe nos de el tan anhelado aumento de sueldo, o al caminar por la calle pisamos excremento de lo que esperamos sea un perro. Tal vez, el equipo de fútbol al que le vamos pierde el partido que parecía en la bolsa o, la chava que nos gusta, nos favorezca con su preferencia.

Entre definiciones y percepciones

Una opinión dividida

De una forma u otra, todos en algún momento de nuestras vidas hemos aceptado la existencia de la suerte. Nos hemos sentido favorecidos o bien, escupidos por ella. Todos hemos verbalizado las frases, “qué buena suerte” o “tengo la peor suerte”. Pero ¿qué es realmente la suerte?

Las diferentes fuentes parecen tener un conflicto conceptual al presentar sus respectivas definiciones sobre el tema. Por ejemplo, en el diccionario de Merriam-Webster la suerte es definida como “una fuerza que trae buena fortuna o adversidad”. La Real Academia Española (RAE) la define como un “encadenamiento de los sucesos, considerado como fortuito o casual”. La Wikipedia, la nueva fuente de conocimiento popular en línea, dice que “es una forma de superstición interpretada de forma diferente por individuos diferentes”. El hecho es que no hay una congruencia conceptual en su definición.

La noción de suerte es tan vieja como la humanidad misma y podemos verla personificada en diferentes deidades mitológicas alrededor del mundo. En las representaciones de Tyche, la diosa griega de la suerte y el azar, ésta suele cargar en sus manos un timón simbolizando la forma en la que decidía el curso del mundo o bien, con una esfera que ilustraba cómo su decisión sobre un acontecimiento podía “rodar” a donde su impredecible juicio quisiera. En las culturas nórdicas y escandinavas encontramos a Loki, que aunque no era un dios como tal, muchos le rezaban para mejorar su fortuna. Y hablando de la misma, así es como los romanos llamaban a la deidad que veneraban para cambiar su suerte. Fortuna, la diosa romana del azar, fue muy popular en su época, ya que existían varios templos para rendirle tributo al rededor de las ciudades. Fortuna llevaba en sus brazos una cornucopia o cuerno de la abundancia.

A diferencia de lo que comúnmente pensamos, la astrología no trata de revelarnos lo que nos depara la suerte. En una entrevista, el astrólogo mexicano Jaime Polanco me comenta que la suerte es un concepto menor, "Jung decía que lo que los gitanos llaman suerte a lo que los filósofos llaman destino". Con más de diez años de estudios en astrología, Polanco explica que la concepción popular de suerte demerita su verdadero sentido, "en hebreo suerte se dice mazal que a su vez es sinónimo de destino".

Para el astrólogo las supersticiones que buscan "cambiar" o "predecir" la suerte, acaban por rebajarla, a lo que él llama, "un nivel mundano". Polanco dice que las supersticiones refuerzan los estereotipos negativos sobre el destino, "no hay que interpretar los actos donde interviene la suerte independientes los unos de lo otros". Por ejemplo, al adjudicarle que algo no nos salió a la mala suerte generada por a pasar por debajo de una escalera o al cruzarse con un gato negro, nos remite a seres sin autonomía y sobre todo, sin responsabilidades, ya que estamos justificando nuestras conductas y comportamientos. En cambio, para el astrólogo debemos de interpretar cada cosa que nos pasa como parte de una gran cadena que se engarza para ayudarnos a descubrir el por qué de nuestra existencia. Cuando uno cobra autoconsciencia de que todo lo que vivimos es por algo, entonces nos obligamos a ser responsables de nuestros actos, "la astrología busca que cada persona se dé cuenta que todo está conectado, que las cosas que nos pasan tienen un significado, por lo que siempre debemos preguntarnos por qué estamos viviendo ésto y conectarlo con toda nuestra vida.


Desde los antiguos filósofos griegos, el concepto de suerte fue mencionado desde un punto de vista científico sin llegar a explicarla a profundidad, e incluso, la adjudicaron a diferentes deidades. Aristóteles, en cambio, explora a detalle la noción de suerte y su relación con la naturaleza en el segundo Libro de su obra “la Física”. El filósofo teoriza que en cualquier cambio na
tural existen un sin número de causas accidentales, siendo la suerte y el azar dos de ellas. Las distingue al decir que el azar es una causa accidental, mientras que en la suerte confluye una decisión consciente, como las que tomamos a diario los seres humanos. Por ejemplo, supongamos que me urge ver a un amigo que es el único que puede ayudarme en un problema. Voy a una fiesta y de repente, ahí está mi amigo, Aristóteles diría que tuve buena suerte. Por otro lado, mi suerte hubiera sido mala si en la fiesta me encontrara a alguien que odio y simplemente no quisiera ver. Entonces para Aristóteles la suerte es un acontecimiento que puede desenlazarse en dos vertientes: una buena y una mala.

En cambio, el azar es aquel desenlace que no involucra ningún tipo de voluntad, por ejemplo cuando un peñasco se desprende de una montaña, cae y mata a dos personas. El peñasco nunca “pensó” en caer. Así, el azar es una coincidencia, un accidente causal que ocurre en algunas ocasiones. Para Aristóteles la suerte tiene un propósito, un fin, ocurre por alguna razón.

Una visión interesante sobre la suerte y la ciencia es la de Mark Twain, tal y como la presenta en su cuento corto “La ciencia vs. La Suerte”, publicado originalmente en la revista The Galaxy en 1870. En esta historia, Jim Sturgis es un abogado con una carrera brillante, nunca ha perdido un caso y no tiene pensado hacerlo. Un día le asignan una particular tarea en la que debe defender a unos muchachos que estaban acusados de jugar cartas, y en la época, los juegos de azar estaban prohibidos.

Sabiendo que, efectivamente, los chicos habían apostado dinero en diferentes juegos de cartas, Sturgis tuvo un momento de iluminación. Durante el juicio, el prominente abogado sorprendió a la corte al afirmar que los muchachos sí habían estado jugando cartas, pero que éstas no eran un juego de azar, sino de ciencia. El juez expectante permitió a Sturgis seguir con su demostración, para la cual convocó a dos grupos. El primero estaba conformado por seis decanos que defenderían la postura que los juegos de cartas son de “suerte”; mientras que el segundo equipo tendía seis maestros jugadores, viejos tahúres que defenderían el lado de la ciencia. Ambos equipos se encerraron en un cuarto con una baraja. Después de varias horas y de que los decanos tuvieran que repetidamente pedir dinero prestado a los presentes, se llegó a un veredicto: los juegos de cartas no podían ser una cuestión ni de azar ni de suerte, ya que en toda la noche los decanos no ganaron ni una mano. Si hubiera sido un juego de azar, en algún momento la suerte debió favorecer a estos, pero ésto nunca pasó.

Para Chip Denman, profesor de estadística de la Universidad de Maryland y fundador de la National Capital Area Skeptics, asociación que promueve el pensamiento crítico para el entendimiento de las ciencias, “la suerte es cuando la probabilidad se toma personalmente”.

El profesor Denman explicó en una entrevista para el Washington Post que la probabilidad es la rama de las matemáticas que se encarga de cuantificar el azar, la incertidumbre y el error. La estadística, a su vez, es la ciencia que trata de hacer conclusiones incluso cuando hay incertidumbre sobre un resultado. Pero cuando perdemos de vista la gran escala de las cosas, tomamos el lado personal de la probabilidad y nos concentramos en las cosas buenas y malas que nos ocurren, entonces a eso le llamamos “suerte”.

De probabilidades a probabilidades

En su libro Lady Luck: The Theory of Probability, el matemático Warren Weaver relata los hechos de un sorprendente acontecimiento, tal y como aparecieron en la revista Life, que desafiaron todas las leyes de la probabilidad. Una noche, los 15 miembros del coro de una iglesia en Beatrice, Nebraska llegaron tarde por alguna razón a la reunión que tenían programada a las 19:20 hrs., el primero de mayo de 1950. Existieron más o menos diez razones diferentes y, totalmente independientes, por las cuales los miembros del coro no llegaron a la cita. Weaver dice que no sólo fueron estas coincidencias afortunadas, ya que la iglesia se desplomó por una explosión exactamente a las 19:25 hrs., sino que también fueron altamente improbables. Los miembros del coro le atribuyeron sus respectivos retardos a un acto de divino.

En términos muy sencillos la probabilidad de que algo suceda, P(E), se calcula dividendo el número de casos favorables para que ocurra el evento (n) entre el número total de resultados posibles (N). Matemáticamente la fórmula es la siguiente:

P(E)= n/N

Por ejemplo, para calcular la probabilidad de que al tirar un dado salga un número determinado como el dos, dividimos el número de caras marcadas son un dos en un dado, entre el total de caras. O sea:

P(salga un dos)= 1/6

Por lo tanto, la probabilidad de que al tirar un dado, salga un dos es de 17%.

El profesor Weaver calculó la probabilidad de que ocurriera un acontecimiento tan increíble como el de los 15 coristas de la iglesia, llegando a un número aproximado de uno en un millón, más o menos 0.0001%. Si redondeamos ésta número obtenemos una probabilidad de cero, o bien un accidente. Según la RAE, por “accidente” entendemos un “suceso eventual que altera el orden regular de las cosas”.

Sería muy natural decir que los coristas tuvieron muy buena suerte por haber llegado tarde a su ensayo, ya que de otra forma los cimientos de la iglesia les hubieran caído en plena entonación del Ave María, sin embargo tenemos frente a nosotros un hecho completamente probabilístico y no de suerte.

Pongamos otro ejemplo y pensemos en un árbol que dio sus primeros brotes una tarde de primavera, en medio de un pastizal. Los árboles más cercanos están a unos 600 metros cuadrados de distancia, así que nuestro amigo árbol nunca tuvo que competir por agua ni nutrientes en la tierra con otros árboles, por lo que en tan sólo 23 años logró llegar a su absoluta madurez. Cada año, sus ramas se llenan de unas manzanas tan rojas como majestuosas. Supongamos que calculamos la probabilidad de que durante una tormenta eléctrica un rayo caiga justo sobre nuestro árbol, y que ésta, es también una en un millón. Si cae el rayo e incinera a nuestro árbol, nadie va a decir “qué mala suerte” o pensar “pobre arbolito de manzanas, tiene la peor suerte, ese rayo cayó justo donde él estaba”. La vida está llena de accidentes, de probabilidades poco factibles pero como dice el doctor Chip Denman se lo atribuimos a la suerte cuando las tomamos personalmente.

Podemos cambiar nuestra suerte

El profesor Richard Wiseman de la Universidad de Hertfordshire lleva más de diez años estudiando la suerte. Como lo describe en un artículo publicado por BBC News, quiso saber por qué algunas personas están en el lugar correcto en el momento preciso, mientras otros sólo viven una larga cadena de fracasos. Wiseman afirma que la mayoría de la gente, tanto con suerte como los que no, no están conscientes de las causas que originan su fortuna. Sin embargo, después de realizar un experimento sencillo el profesor afirma que son los pensamientos y comportamiento los responsables de su buena o mala suerte.

Reunió a un amplio grupo de personas que se autodenominaban como "afortunados" o "desafortunados" a través de una convocatoria masiva en diferentes medios impresos. Una vez seleccionados, los participantes recibieron un periódico donde debían contar el número de fotografías que había. Wiseman colocó en cada periódico un anuncio de media plana que leía: "Menciona al investigador que viste esto y recibe £250 libras." La mayoría de los desafortunados no vieron el anuncio mientras los que se consideraban con suerte sí. Wiseman encontró que la gente sin suerte tiende a ser más ansiosa, condición que no les permite percibir cosas y situaciones inesperadas. Van a fiestas con la misión de encontrar al amor de su vida y se pierden la oportunidad e hacer buenos amigos. En cambio, la gente afortunada es más relajada y abierta por lo que ven "lo que está ahí, lo que hay" en lugar "de lo que buscan."

Wiseman propone que existen cuatro principios para cambiar nuestra suerte. La gente con suerte tiene la habilidad de percatarse cuando existe una oportunidad, toman decisiones a partir de su intuición, crean profecías satisfactorias a través de la generación de expectativas positivas y adoptan una actitud elástica y resistente que transforma la mala suerte en buena.

Al poner su teoría en práctica con un grupo de voluntarios, Wiseman obtuvo resultados dramáticos. A través de la implementación de ejercicios que les permitiera captar oportunidades, escuchar su intuición, esperar tener suerte y fortalecerse contra la mala suerte, el 80% de los participantes se consideraba "más felices", más satisfechos con su vida, y sobretodo, con mejor suerte.

La fórmula de Wiseman para cambiar nuestra suerte se sintetiza en cuatro consejos básicos:

  • Escuchar a nuestros instintos más primarios (suelen estar en lo correcto)
  • Estar abierto a nuevas experiencias además de tratar de romper con la rutina
  • Tomar el tiempo para recordar los momentos en los que nos ha ido bien
  • Visualizarse a sí mismo teniendo suerte antes de una llamada telefónica, junta importante o donde queremos que nos vaya bien
Independientemente de lo que hagamos por cambiar nuestra suerte, ésta no desaparece, dejándonos siempre a su merced. Tal y como ocurre en la película "La Provocación" (Match Point, 2005) de Woody Allen, en donde el resto de nuestras vidas pueda estar decidido por un microscópico acto de suerte, como que una pelota de tenis, al pegar en la red, caiga o no en nuestro lado. Lo que debemos hacer es conocer y entender que estamos frente a un hecho probabilístico que puede resultar a nuestro favor o no. Tenemos que tratar de inclinar la balanza de nuestro lado y tratar de siempre sentirnos satisfechos con lo que nos tocó hacer, desde ponernos nuestro mejor traje para una entrevista, hasta confesarle nuestro amor a la chica que nos gusta.

Buena suerte.

lunes, 10 de marzo de 2008

Mi asquerosa doble moral

Cuando tenía 18 años, me era muy difícil entender por qué alguien podía fumar. Cuando lo traté por primera vez un par de años antes, la experiencia me fue tan desagradable, como seguramente lo es para todo fumador cuando se inicia. La parte que aún no he podido asimilar es en qué momento la inhalación de tabaco deja de sentirse como un tigre en brama desgarrando con furia todo lo que tiene a su paso hasta los pulmones; cuándo se vuelve relajante y no asfixiante y doloroso. "Te acostumbras", es lo que contestan comúnmente los fumadores ante estas preguntas. Supongo que si la discografía de Arjona fuera la única opción sobre la tierra para escuchar música, también te acostumbrarías.

Cuando tenía 18 años, en 1995, también me era difícil de concebir la idea de poder ver a los Beastie Boys en vivo. Ill Communication era el disco que escuchaba de principio a fin en loop varias veces al día. Prácticamente fue el álbum que me hizo recuperar la fe en la música, mientras las estaciones de rock alternativo y MTV empezaban a plagarse de los "sucesores de Nirvana" en una desenfrenada búsqueda del santo Grial del grunge. Con Paul's Boutique (1989), los Beastie revolucionaron la forma en la que se grababa un disco, principalmente por la incorporación de los samples. En esa época, usar cachitos de canciones ajenas para instrumentar una propia era una verdadera innovación. Mi idolatría por los Beastie Boys continuó con cada video, cada remezcla y cada disco que sacaban, siempre con una ilusión permanente de poder verlos en vivo.

Creo que todos hemos conocido por lo menos a alguien, cuya muerte estuvo relacionada con el tabaco. Fumar mata y todos lo sabemos. Como dije antes, yo decidí no hacerlo principalmente porque no me gustó y respeto mucho a quienes encuentran en este hábito una experiencia placentera, siempre y cuando, no me soplen el humo que expiden sus bocas en la cara. La última mujer que amé fumaba como si tuviera un hijo en los separos. Valdomero, mi mejor amigo, fuma aun sabiendo que tiene una condición médica que se acentúa con el cigarro y mi papá llegó a echarse cerca de tres cajetillas al día. La verdad es que no creo en satanizar las cosas como un medio para erradicarlas. En lo que no estoy de acuerdo es en las prácticas mercantiles para vender cigarros. Cuando entré a trabajar en publicidad hace más de cinco años, tuve que hacer el lanzamiento de una medicina y las estrategias de ventas eran realmente cuestionables. Cuando me quejé al respecto con la que era mi jefa, me contestó, "no te preocupes, por lo menos no vendemos cigarros".

Fue un golpe terrible cuando los Beastie Boys cancelaron el concierto que tenían programado para el 8 de marzo de 2005 en el Palacio de los Deportes, a tan sólo tres días de la fecha. En su momento se corrían rumores de que Adam Yauch estaba enfermo, que alguno se estaba divorciando y hasta que no se habían vendido los suficientes boletos. En general, la misteriosa cancelación pasó sin pena ni gloria, ya que el trío neo yorkino no estaba más en la cima de su carrera. Grand Royal, el sello discográfico que fundaron con Capitol, había dejado de operar hace cuatro años y To the 5 Boroughs (2004) pasaba desapercibido, mientras que los grupos indie dominaba las frecuencias de radio. La oportunidad de ver a Beastie Boys, antes de una inminente caída, había cesado por completo.

Cuando se prohibió anunciar abiertamente cigarros en diferentes medios masivos, las campañas de mercadotecnia de las grandes tabacaleras enfocaron su atención a lo que se conoce como publicidad BTL (Below the Line) que quiere decir tratar de llegar a consumidores (y posibles consumidores) utilizando publicidad no tradicional. Estos esfuerzos abarcan los medios que la mente nos permita imaginar, desde correos electrónicos personalizados, hasta instalaciones luminosas en medio del Río Támesis. Probablemente el caso de mayor éxito en cuanto a impacto y alcance se refiere para una tabacalera en nuestro país es el del MxBeat, el festival de música que organiza Marlboro desde hace unos tres años. A través de las cuatro ciudades donde se realiza, han desfilado en sus escenarios grupos internacionales como los Planetas, Spoon, Hot Hot Heat, Babsónicos, Phoenix, The Whitest Boy Alive, Los Súper Elegantes, por mencionar algunos. He ido al festival los últimos tres años y no sólo me han sorprendido las actuaciones de los grupos que se presentan, sino de cómo Marlboro ha sofisticado sus métodos para hacerse una base de datos de cautivos y posibles fumadores. En el primer MxBeat inscribirse a la base de datos de Marlboro era opcional. Desde hace un año, Marlboro escanéa las credenciales de elector de los asistentes para asegurarse de tener perfectamente sus datos personales.

Los Beastie Boys por fin llegaron a México, traídos nada más y nada menos que por Marlboro, en el marco del MxBeat 2008 de la Ciudad de México (aunque el cartel nunca los anunció y por las actuales leyes antitabaco, el festival fue en Toluca). Al igual que me hicieron recuperar la fe en la música en 1996, su actuación me emocionó al grado que la niña que tenía junto me clavaba el codo con miedo a que le cayera encima por los brincos que estaba dando. Los Beasties, notablemente envejecidos y con un M.C.A. ahora sí enfermo, no escatimaron en entregar un éxito tras otro, bajo la batuta del siempre impredecible DJ de cabecera desde Hello Nasty (1998), Mix Master Mike. Una hora y pico después se despidieron de México tocando Sabotage y dejándome queriendo más, una sensación parecida a la que produce la nicotina en el cuerpo.

domingo, 24 de febrero de 2008

¿A cómo sale el kilo de creatividad?

Anoche, en la comida de cumpleaños de Coquito, durante la sobremesa de lo que fue un auténtico festín de tacos de guisado, mezcales y cervezas estaba platicando con mi ex-concuño, Gustavo. Le contaba sobre las últimas filmaciones de comerciales en las que había participado y cuál había sido exactamente mi rol en cada una de ellas. Rápidamente se unió a la plática Ariel Gordon, un premiado director y escritor de cine. Rara vez Ariel se pierde de una conversación que trata, aunque sea en pequeña medida, de filmaciones y producciones. Pronto Gustavo, que está por irse a California a estudiar guionismo, presenció un debate sobre lo podrida que está la industria de la publicidad y cómo los "pobres" realizadores cinematográficos literalmente se prostituyen haciendo comerciales.

Ariel defendía a los directores (que por cierto nadie estaba atacando) citando a Mandibulín y argumentando que "nadie los respeta" ni se toma en cuenta su punto de vista, ya que al final del día tienen que someter sus opiniones a los detestables creativos que sienten que lo saben todo. Yo, vorazmente arremetí diciendo que los directores y los creativos debíamos entender que las piezas publicitarias que hacemos, no deben de ser consideradas obras artísticas. La publicidad no es arte, por el simple hecho que tiene como fin vender un producto. La publicidad es, antes que cualquier otra cosa, un trabajo.

Claro está que hay muchos directores, productores y creativos que no han tenido la oportunidad de filmar una película, escribir un libro o tener una banda de rock, por lo que depositan en cada uno de los spots o prints que hacen toda su pasión y entrega. Esto no está mal, pero yo tampoco he escrito una película, un libro o he tocado la batería en Coachella, sin embargo entiendo que cuando se me ocurre un anuncio, probablemente el cliente acabará haciendo con él lo que quiera. La frustración ocurre cuando no se tiene otro medio de expresión. Con sólo imaginar lo que sintió el equipo creativo que hizo las vallas de la campaña de Converse cuando les dijeron que Fher de Maná (con un cuerpo que claramente no es el suyo) debía compartir un mismo espacio con James Dean, M.I.A. y Sid Vicious. La publicidad genera por definición mucha frustración.

En la película de 1995 Thank You For Smoking, de Jason Reitman (director de Juno), cuando le preguntan al personaje de Aaron Eckhart cómo y por qué defiende a la industria tabacalera, siendo consciente del daño que está haciendo en la sociedad, él contesta, "tengo una hipoteca por pagar". La verdad es que no tiene nada de malo hacer publicidad, mientras directores, creativos, fotógrafos, diseñadores y demás profesionistas, entendamos que el objetivo de un anuncio, por más inmoral que parezca, es crearle una necesidad a una persona que no la tiene. Si ese anuncio gana premios y es una auténtica poesía estética, pictórica o cinematógrafica qué mejor, pero si no, ¿por qué frustrarse? Al final, el dinero que financia las producciones es de un cliente (por eso se le llama así), mismo que está pagando por un servicio. El día que se metan con mi obra (la película o novela que escriba, el cuadro que pinte o los monitos que dibuje) sea lo que sea, ese día sí habrá sangre.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Los 10 9 discos de mi 2007 (y el que no he comprado)

No tengo idea que tan verídico o científico sea, pero alguien me dijo una vez que a partir de los 25 años de edad uno deja de generar cromosomas o algo así. El resultado perceptible de este cambio natural en nuestra fisiología es que tenemos la impresión de que el tiempo pasa mucho más rápido. Cuando éramos chicos sentíamos que transcurría una eternidad entre una navidad y otra, entre un cumpleaños y otro y así. Éste, aunque lleno de cambios y uno que otro logro, fue sin lugar a dudas vertiginoso.

Entre algunas de las cosas que caracterizaron el 2007 sobresale mi éxodo triunfal de casa de mis papás. La tan anhelada independencia es todo lo bueno que la gente que vive sola te dice y más. Sin embargo el costo fue, porque todo en esta vida tiene un precio, un año caracterizado por una agravada pobreza. Básicamente o pagaba la renta o compraba discos, por lo que este año la lista de los álbums que trascendieron durante el mismo está incompleta y seguramente hubiera sido distinta si mi wishlist en amazon no fuera tan grande. El último lugar corresponde a un disco que me pasó mi amigo Memita e influyó brutalmente en mi vida durante este año, pero aún no he comprado.

Por eso, y al igual que el año pasado, presento la lista de discos que más disfruté en el 2007 (aunque no necesariamente salieron en este año).

9) Gnarls Barkley - "St. Elsewhere"

En mi etapa hip-hopera siempre tuve una inclinación por los artistas cuya propuesta era ambiciosa y que no sólo hablaran de nalgas, chichis y dinero. Algunos ejemplos de este tipo de intérpretes, socialmente conscientes, son The Roots, OutKast, Mos Def, Common y The Goody Mob. De este último grupo salió Cee-Lo, una talentoso rapero y cantante de voz agudo y rasposa que tuvo a bien de juntarse con el productor Danger Mouse. El resultado es un disco experimental tan divertido como manejar por el segundo piso del periférico, antes de que le pusieran cámaras.

8)
Hello Seahorse! - "...And the Jellyfish Parade"

En el 2007 también ocurrió algo que por mucho tiempo me aterrorizó y es que por fin llegué a los tan abrumadores 30 años. Lejos de esas ideas en las que me veía casado, con un bebé en camino y otro ya en el kinder, mis 30 han estado bastante divertidos. Prueba de ello fueron las tres fiestas que hice para celebrarlos. Exactamente en la segunda junté mi celebración con una tocada de Hello Seahorse!, grupo mexicano de un electro folk muy agradable. Al final de su show Denise, buena amiga y vocalista de la banda, me autografió este disco, que aun siendo 100 por ciento independiente, está muy bien producido y lleno de canciones contagiosas y divertidas.

7) Arcade Fire - "Neon Bible"

Probablemente Arcade Fire será uno de los grupos más influyentes y representativos de la primera década de los dosmiles. Con un sonido completamente definido, Neon Bible es un disco complejo pero no imposible. Win Butler y familia retoman momentos claramente influenciados por Bruce Springsteen y la E Street Band de mediados de los ochentas y los llevan a terrenos progresivos, densos, medio de mariachi y hasta religiosos.


6) Peter Bjorn & John - "Writer's Block"


Con tanto tiempo libre y recursos económicos los suecos hacen cosas magistrales. No sólo son los mejores diseñadores industriales, también le han dado a la música una camada de bandas increíbles. Peter, Bjorn y John hicieron lo que para mí es el sencillo del año con Young Folks y ese silbidito que inunda antros, escuelas y oficinas. Sin embargo el disco entero es una joya, con momentos muy diferentes y todos climáticos en su propia forma.


5) Feist-
"Let it Die"

Del Bosa Nova al Disco, la contundente voz de Leslie Feist es deliciosa a lo largo de este disco. La verdad es que cuando lo compré no me esperaba nada más que un álbum suavecito para pasar el rato. A diferencia de mis expectativas, Let it Die es una sorpresa sonora, con canciones que nunca aburren y que al terminar te dejan esa sensación de querer más.



4) Architecture In Helsinki-
"In Case We Die"

Al escuchar In Case We Die, parece que toda la vibra detrás de su grabación es un desmadre pocamadre. El colectivo australiano logra hacer de la experimentación, tanto de instrumentos como de sonidos, algo digerible y ameno. Es como uno de esos shows de ciencia para niños, pero cuando acaba en lugar de conocimiento, In Case We Die te deja auténticos himnos de independencia.


3) Modest Mouse -
"We Were Dead Before The Ship Even Sank"

Entre el 2006 y 2007, Johnny Marr rechazó la petición de Morrisey para traer de regreso a los Smiths. En cambio, aceptó la invitación de Isaac Brock para formar parte de Modest Mouse. El resultado es un disco excelso, con una gama de momentos que van de lo popero (Dashboard), pasando por lo agresivo (March Into de Sea) y maduros (Missed the Boat).



2) The Whitest Boy Alive - "Dreams"

El 22 de febrero yo era un hombre muy feliz. Me habían conseguido entradas para ver al Whitest Boy en la primera fiesta del Mx Beat. Había escuchado un par de canciones y me entusiasmaba mucho verlos en vivo. Cuando llegué al Bull me topé con la chava que había protagonizado un sin fin de historias conmigo en el último año y medio. La saludé emocionado pero su actitud fue muy fría y cortante (después me enteré que en esa época tenía novio). De alguna forma, fue un cubetazo de agua helada para el estado de ánimo que tenía esa noche. Cuando por fin salió el grupo al elevado escenario, todas esas sensaciones melancólicas desaparecieron. Bailé sin parar toda la hora que duró el show. Dreams captura justamente esa sensación. Todos los cortes tienen la capacidad de transportarte a un lugar donde no hay penas, dolores ni amores que no fueron, aun cuando las letras hablen de eso.

1) The Shins - "Wincing the Night Away"

Oficialmente los Shins son mi banda favorita de la década de los dosmiles. En Wincing the Night Away ofrecen un álbum sin pretensiones, que no tiene miedo de explorar con nuevos sonidos y sin sacrificar sus ya tradicionales cortes divertidos y melódicos. Las letras de James Mercer abarcan varias emociones que van de lo ingenioso (Australia) a lo devastador (Girl Sailor).

Para Wincing... los Shins incorporaron en sus filas a Eric Johnson de los Fruit Bats, dándoles un rango instrumental más completo y ambicioso. Creo que Natalie Portman no se equivocó cuando en Garden State le dice a Zack Braff que "los Shins cambiarán tu vida".

El gran ausente:

The Postal Service - "Give Up"

Como mencioné antes no he tenido oportunidad de comprar este disco, pero aun cuando lo tengo en mi iTunes y lo he escuchado miles de veces, lo pediré a amazon. Es un disco que me ha dado una infinidad de alegrías y que ha podido acompañarme de la mano por momentos no tan gratos. Nothing Better, la canción en la que colabora Jenny Lewis de Rilo Kiley y que revive un típico rompimiento sentimental, rápidamente se convirtió en una de mis canciones favoritas de todos los tiempos.

Todo el disco se hizo a raíz de un intercambio musical vía e-mail entre Ben Gibbard y Jimmy Tamborello, lo que prueba que las relaciones a distancia sí pueden funcionar.

¡Feliz año!

sábado, 15 de diciembre de 2007

Historias de la publicidad, en boca de un idealista. Vol. I

Estaba sentado en una de esas sillas plegables de director durante el rodaje de un comercial. Claro, yo no iba a dirigir ni mucho menos, pero sí presencié una escena que aún no logro calificar. Todo pasó detrás de los monitores del video assist mientras la directora creativa, el cliente, la chava de cuentas y yo veíamos las tomas que se estaban filmando en la parte de atrás de la locación. Estábamos rodeados por la gente de producción; los de audio, video, arte e iluminación pero había un tipo en particular, un postproductor se nos quedaba viendo mucho. Se paseaba frente a nosotros, estudiándonos, como tratando de descifrar algo. Aunque me era irrelevante, su actitud logró captar mi atención.

Hubo un momento que el cliente se levantó al baño, yo me fui a asomar al set para darle una indicación al director sobre el guión. Cuando volví, el tipo raro estaba parado hablando con la de cuentas. Ahora todo tenía sentido, nuestra directora de cuenta es una colombiana de 29 años bastante guapa, por lo que la frecuente mirada del postproductor era obviamente hacia ella. Mi jefa, la directora creativa, tenía una cara de incomodidad que apenas y podía poner atención en los monitores. Yo me acerqué con discreción, ya que como buen antropólogo del amor, no quise interrumpir el momento. Era como realizar un documental para el Discovery Channel, cualquier movimiento en falso puede interrumpir a la pareja en su momento de apareamiento. Sin embargo me pude acercar lo suficiente como para escuchar parte de su diálogo. Él le estaba preguntando a ella sobre su acento, cuestionando si realmente era de Colombia y argumentando que más bien, parecía del norte de México. Yo estaba feliz presenciando esto con morbo y fascinación, porque cuando los hombres nos acercamos a una mujer para ligarla, cualquier intento de lograr una conversación coherente desaparece dejando una estela de balbuceos.

Junto conmigo se acercó la productora ejecutiva, así que el tipo vio cómo su oportunidad de lograr un acercamiento más profundo pronto desaparecería, así que se alejó un poco para que todos pudiéramos ocupar nuevamente nuestros lugares. Sin embargo le quedó la espina clavada y regresó para preguntarle a la colombiana si "era salserona", porque según él, todas las colombianas aman este ritmo tropical. Ella le contestó tajante que no le gustaba para nada. Así que él con poca gracia se alejó y no lo volvimos a ver en un rato.

Nuestra cuenta, NIDO, está dirigida principalmente a mamás jóvenes y primerizas, así que a la hora de la comida la conversación era principalmente sobre bebés. Nos sentamos en la misma mesa que la nutrióloga que estaba siendo filmada para el comercial y nos platicó algunas experiencias con guarderías. Para cuando llegó el mesero a ofrecernos el menú del día, la directora de cuenta y el cliente ya se habían ido a otra junta. Nuevamente se acercó el postproductor y se sentó con nosotros para comer. Al integrarse a la plática, preguntó a la nutrióloga si conocía buenas guarderías en la zona de Palmas y Lomas, porque su esposa, tras siete meses de haber nacido su hija, quería regresar a trabajar. Éste era el mismo postproductor que escasos minutos antes se acercó a ligarse a mi directora de cuenta y con ese descaro, ahora nos enteraba de que era papá.

La verdad, y sin tratar de sonar mocho, conservador, prejuicioso o mojigato, al estar rodeado de tantos niños tan chiquitos y simpáticos, la actitud del postproductor me pareció repugnante. No podía dejar de reflexionar que si algún día yo llego a ser papá, espero sentir el amor, la pasión y el respeto suficientes para entregarme a mi familia en su totalidad. El momento me hizo pensar en lo difícil que es educar a un hijo, que cada decisión que tomemos puede afectar y cambiar radicalmente su vida. Tatuarlo con nuestras ideas.

Creo que sí soné mocho, conservador, prejuicioso y mojigato.

¿Será que así suena el idealismo?

domingo, 2 de diciembre de 2007

Donde todos conocen tu nombre

Prácticamente todos los martes voy a la mezcalería de Alfonso Reyes. En tan sólo un año, este ritual se ha convertido en un oasis para mi rutina alcohólica. Es una luz, una promesa de entretenimiento tóxico en medio del tedio de todo lo que representa el "entre semana". Su cómodo horario de lunes a miércoles (cierra a las 11 pm) hace que no haya pretextos para desvelarse. (De jueves a sábado cierra alrededor de las 2 am). Ahí se reúnen buenos amigos, de esos que uno frecuenta poco, y el amable staff que siempre te recibe con el gusto de los anteriores. El resultado es un ambiente realmente encantador.

El menú trata de ser lo más cercano y fiel posible a lo regional oaxaqueño: mezcal (obvio), cervezas de chasers, quesillo, habas enchiladas y tamales. La verdad es que en este asunto soy un neófito, porque la primera y única vez que fui a Oaxaca, tuve miedo de probar el místico aguardiente. Sin embargo, en poco tiempo he encontrado una noble bebida que como todas las cosas, no hay que perderle el respeto.

Hace unos cuantas semanas Memita Cremita, mi fiel compinche, y yo nos dispusimos ampliar las posibilidades de la mezcalería. Un viernes cualquiera, Cremita me preguntó si quería ir a a echar un mezcalito para precopear. Acepté sin dudarlo y mientras manejaba por Minería para llegar al recinto en cuestión, Mema me marcó al celular. Citándolo, dijo que estaba "hasta el moco", pero que podíamos probar la sucursal a escasas dos cuadras de la original.

El negocio de la mezcalería ha resultado ser uno tan prolífico, que los socios están abriendo sucursales en diferentes partes de la ciudad. Su estrategia es clara, buscan barrios bohemios y plazas concurridas. Hasta ahora sé que que con la desaparecida en Coyoacán, han existido cinco mezcalerías en la ciudad bajo el mismo concepto de "la Botica". Las mezcalerías siguen el mismo modelo de expansión de negocios que Starbucks. Cada una de Las Boticas es exactamente igual a la otra, cuidan meticulosamente la decoración, los menús, las mesas, las sillas, los muñequitos de Star Wars ochenteros que decoran las barras, el póster del maguey sobre una plasta de color rosa, etc. Todas son exactamente iguales, cambiando únicamente en la distribución de los locales y en dimensiones. Lo que cambia es el ambiente y, por absurdo que parezca, de una mezcalería a otra, se pueden encontrar tribus urbanas radicalmente opuestas.

Ese viernes en el que Memita y yo quisimos olvidar un día lleno de trabajo de oficina y que nos vimos obligados a sentarnos en la mezcalería de Campeche, en vez de la de Alfonso Reyes, pude constatar este fenómeno. Tan pronto entré Mema me recibió aliviado y es que en la mesa junto a nosotros estaba un "pseudomodelo" con espíritu condesero. De esos que dicen palabras como "trendy", "fashion" e "in". Cuando me senté y dejé mi mochila en una silla vacía, una mesera muy guapa, como las que suelen atender estos lugares, me preguntó qué quería beber.

Yo sé lo que va a tomar. Un...contestó por mí el imbécil de la mesa de junto.

La verdad es que ni siquiera supe que dijo, pero el hecho de que se sintiera el rey del lugar y que podía meterse en la comanda de los que ahí estábamos me enervó.Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, Mema y yo volteamos hacia el tipejo con jetas y le dijimos "nah" que no tenía idea qué íbamos a pedir.

Un minero y una Pacífico por favor ordené, dirigiéndome exclusivamente a la apenada mesera.

El imbécil regresó su atención a seguir tratando de impresionar a su pareja, una mujer claramente más grande que él, con un corte de pelo y un atuendo que trataban de ser trendy, fashion e in.

Para todo esto, Memita estaba absorto en la conversación que estaban teniendo en otra mesa, también vecina a la nuestra. Eran tres hombres de unos cuarenta años, teniendo una discusión a un volumen tal, que el resto de los que estábamos en el diminuto lugar podíamos participar.

¿Oíste lo que dijo? me preguntó Mema.

No, ¿qué?

"Las piezas, del ajedrez de la vida, se acomodan solas..." citó mi amigo y yo me cagué de la risa.

Después de unos 20 minutos de beber nuestros mezcales y cervezas en silencio, observando a los comensales y a sus amigos que pasaban a visitarlos vestidos de colores fosforescentes en este ya tan choteado revival de los ochentas, y de escuchar las pláticas incoherentes y molestas, en un acto de completa intolerancia, pedimos la cuenta.

¿Por qué se van? preguntó la mesera desconsolada.

Básicamente por la gente le respondió Mema.

Somos regulares de Alfonso Reyes agregué.

Ahhhhh, sí aquí en Campeche es otra cosa. Pero... no se vayan. Porfa. nos contestó es que afuera hay unos patanes a los que no les quiero dar la mesa. Sólo quédense en lo que paso a otros.

Con su comentario, esa noche de viernes, seguía poniéndose cada vez más rara. Era muy evidente que ella tampoco estaba cómoda trabajando ahí. ¿Pero cómo puede un lugar cambiar tanto a unas cuantas cuadras de distancia de su sucursal?

Mema y yo no quisimos averiguarlo y nunca más volvimos ahí. Nos quedamos en Alfonso Reyes, de donde nunca debimos haber salido.

* Gracias a los autores de las fotos que tomé prestadas en Flickr.