lunes, 31 de diciembre de 2007

Los 10 9 discos de mi 2007 (y el que no he comprado)

No tengo idea que tan verídico o científico sea, pero alguien me dijo una vez que a partir de los 25 años de edad uno deja de generar cromosomas o algo así. El resultado perceptible de este cambio natural en nuestra fisiología es que tenemos la impresión de que el tiempo pasa mucho más rápido. Cuando éramos chicos sentíamos que transcurría una eternidad entre una navidad y otra, entre un cumpleaños y otro y así. Éste, aunque lleno de cambios y uno que otro logro, fue sin lugar a dudas vertiginoso.

Entre algunas de las cosas que caracterizaron el 2007 sobresale mi éxodo triunfal de casa de mis papás. La tan anhelada independencia es todo lo bueno que la gente que vive sola te dice y más. Sin embargo el costo fue, porque todo en esta vida tiene un precio, un año caracterizado por una agravada pobreza. Básicamente o pagaba la renta o compraba discos, por lo que este año la lista de los álbums que trascendieron durante el mismo está incompleta y seguramente hubiera sido distinta si mi wishlist en amazon no fuera tan grande. El último lugar corresponde a un disco que me pasó mi amigo Memita e influyó brutalmente en mi vida durante este año, pero aún no he comprado.

Por eso, y al igual que el año pasado, presento la lista de discos que más disfruté en el 2007 (aunque no necesariamente salieron en este año).

9) Gnarls Barkley - "St. Elsewhere"

En mi etapa hip-hopera siempre tuve una inclinación por los artistas cuya propuesta era ambiciosa y que no sólo hablaran de nalgas, chichis y dinero. Algunos ejemplos de este tipo de intérpretes, socialmente conscientes, son The Roots, OutKast, Mos Def, Common y The Goody Mob. De este último grupo salió Cee-Lo, una talentoso rapero y cantante de voz agudo y rasposa que tuvo a bien de juntarse con el productor Danger Mouse. El resultado es un disco experimental tan divertido como manejar por el segundo piso del periférico, antes de que le pusieran cámaras.

8)
Hello Seahorse! - "...And the Jellyfish Parade"

En el 2007 también ocurrió algo que por mucho tiempo me aterrorizó y es que por fin llegué a los tan abrumadores 30 años. Lejos de esas ideas en las que me veía casado, con un bebé en camino y otro ya en el kinder, mis 30 han estado bastante divertidos. Prueba de ello fueron las tres fiestas que hice para celebrarlos. Exactamente en la segunda junté mi celebración con una tocada de Hello Seahorse!, grupo mexicano de un electro folk muy agradable. Al final de su show Denise, buena amiga y vocalista de la banda, me autografió este disco, que aun siendo 100 por ciento independiente, está muy bien producido y lleno de canciones contagiosas y divertidas.

7) Arcade Fire - "Neon Bible"

Probablemente Arcade Fire será uno de los grupos más influyentes y representativos de la primera década de los dosmiles. Con un sonido completamente definido, Neon Bible es un disco complejo pero no imposible. Win Butler y familia retoman momentos claramente influenciados por Bruce Springsteen y la E Street Band de mediados de los ochentas y los llevan a terrenos progresivos, densos, medio de mariachi y hasta religiosos.


6) Peter Bjorn & John - "Writer's Block"


Con tanto tiempo libre y recursos económicos los suecos hacen cosas magistrales. No sólo son los mejores diseñadores industriales, también le han dado a la música una camada de bandas increíbles. Peter, Bjorn y John hicieron lo que para mí es el sencillo del año con Young Folks y ese silbidito que inunda antros, escuelas y oficinas. Sin embargo el disco entero es una joya, con momentos muy diferentes y todos climáticos en su propia forma.


5) Feist-
"Let it Die"

Del Bosa Nova al Disco, la contundente voz de Leslie Feist es deliciosa a lo largo de este disco. La verdad es que cuando lo compré no me esperaba nada más que un álbum suavecito para pasar el rato. A diferencia de mis expectativas, Let it Die es una sorpresa sonora, con canciones que nunca aburren y que al terminar te dejan esa sensación de querer más.



4) Architecture In Helsinki-
"In Case We Die"

Al escuchar In Case We Die, parece que toda la vibra detrás de su grabación es un desmadre pocamadre. El colectivo australiano logra hacer de la experimentación, tanto de instrumentos como de sonidos, algo digerible y ameno. Es como uno de esos shows de ciencia para niños, pero cuando acaba en lugar de conocimiento, In Case We Die te deja auténticos himnos de independencia.


3) Modest Mouse -
"We Were Dead Before The Ship Even Sank"

Entre el 2006 y 2007, Johnny Marr rechazó la petición de Morrisey para traer de regreso a los Smiths. En cambio, aceptó la invitación de Isaac Brock para formar parte de Modest Mouse. El resultado es un disco excelso, con una gama de momentos que van de lo popero (Dashboard), pasando por lo agresivo (March Into de Sea) y maduros (Missed the Boat).



2) The Whitest Boy Alive - "Dreams"

El 22 de febrero yo era un hombre muy feliz. Me habían conseguido entradas para ver al Whitest Boy en la primera fiesta del Mx Beat. Había escuchado un par de canciones y me entusiasmaba mucho verlos en vivo. Cuando llegué al Bull me topé con la chava que había protagonizado un sin fin de historias conmigo en el último año y medio. La saludé emocionado pero su actitud fue muy fría y cortante (después me enteré que en esa época tenía novio). De alguna forma, fue un cubetazo de agua helada para el estado de ánimo que tenía esa noche. Cuando por fin salió el grupo al elevado escenario, todas esas sensaciones melancólicas desaparecieron. Bailé sin parar toda la hora que duró el show. Dreams captura justamente esa sensación. Todos los cortes tienen la capacidad de transportarte a un lugar donde no hay penas, dolores ni amores que no fueron, aun cuando las letras hablen de eso.

1) The Shins - "Wincing the Night Away"

Oficialmente los Shins son mi banda favorita de la década de los dosmiles. En Wincing the Night Away ofrecen un álbum sin pretensiones, que no tiene miedo de explorar con nuevos sonidos y sin sacrificar sus ya tradicionales cortes divertidos y melódicos. Las letras de James Mercer abarcan varias emociones que van de lo ingenioso (Australia) a lo devastador (Girl Sailor).

Para Wincing... los Shins incorporaron en sus filas a Eric Johnson de los Fruit Bats, dándoles un rango instrumental más completo y ambicioso. Creo que Natalie Portman no se equivocó cuando en Garden State le dice a Zack Braff que "los Shins cambiarán tu vida".

El gran ausente:

The Postal Service - "Give Up"

Como mencioné antes no he tenido oportunidad de comprar este disco, pero aun cuando lo tengo en mi iTunes y lo he escuchado miles de veces, lo pediré a amazon. Es un disco que me ha dado una infinidad de alegrías y que ha podido acompañarme de la mano por momentos no tan gratos. Nothing Better, la canción en la que colabora Jenny Lewis de Rilo Kiley y que revive un típico rompimiento sentimental, rápidamente se convirtió en una de mis canciones favoritas de todos los tiempos.

Todo el disco se hizo a raíz de un intercambio musical vía e-mail entre Ben Gibbard y Jimmy Tamborello, lo que prueba que las relaciones a distancia sí pueden funcionar.

¡Feliz año!

sábado, 15 de diciembre de 2007

Historias de la publicidad, en boca de un idealista. Vol. I

Estaba sentado en una de esas sillas plegables de director durante el rodaje de un comercial. Claro, yo no iba a dirigir ni mucho menos, pero sí presencié una escena que aún no logro calificar. Todo pasó detrás de los monitores del video assist mientras la directora creativa, el cliente, la chava de cuentas y yo veíamos las tomas que se estaban filmando en la parte de atrás de la locación. Estábamos rodeados por la gente de producción; los de audio, video, arte e iluminación pero había un tipo en particular, un postproductor se nos quedaba viendo mucho. Se paseaba frente a nosotros, estudiándonos, como tratando de descifrar algo. Aunque me era irrelevante, su actitud logró captar mi atención.

Hubo un momento que el cliente se levantó al baño, yo me fui a asomar al set para darle una indicación al director sobre el guión. Cuando volví, el tipo raro estaba parado hablando con la de cuentas. Ahora todo tenía sentido, nuestra directora de cuenta es una colombiana de 29 años bastante guapa, por lo que la frecuente mirada del postproductor era obviamente hacia ella. Mi jefa, la directora creativa, tenía una cara de incomodidad que apenas y podía poner atención en los monitores. Yo me acerqué con discreción, ya que como buen antropólogo del amor, no quise interrumpir el momento. Era como realizar un documental para el Discovery Channel, cualquier movimiento en falso puede interrumpir a la pareja en su momento de apareamiento. Sin embargo me pude acercar lo suficiente como para escuchar parte de su diálogo. Él le estaba preguntando a ella sobre su acento, cuestionando si realmente era de Colombia y argumentando que más bien, parecía del norte de México. Yo estaba feliz presenciando esto con morbo y fascinación, porque cuando los hombres nos acercamos a una mujer para ligarla, cualquier intento de lograr una conversación coherente desaparece dejando una estela de balbuceos.

Junto conmigo se acercó la productora ejecutiva, así que el tipo vio cómo su oportunidad de lograr un acercamiento más profundo pronto desaparecería, así que se alejó un poco para que todos pudiéramos ocupar nuevamente nuestros lugares. Sin embargo le quedó la espina clavada y regresó para preguntarle a la colombiana si "era salserona", porque según él, todas las colombianas aman este ritmo tropical. Ella le contestó tajante que no le gustaba para nada. Así que él con poca gracia se alejó y no lo volvimos a ver en un rato.

Nuestra cuenta, NIDO, está dirigida principalmente a mamás jóvenes y primerizas, así que a la hora de la comida la conversación era principalmente sobre bebés. Nos sentamos en la misma mesa que la nutrióloga que estaba siendo filmada para el comercial y nos platicó algunas experiencias con guarderías. Para cuando llegó el mesero a ofrecernos el menú del día, la directora de cuenta y el cliente ya se habían ido a otra junta. Nuevamente se acercó el postproductor y se sentó con nosotros para comer. Al integrarse a la plática, preguntó a la nutrióloga si conocía buenas guarderías en la zona de Palmas y Lomas, porque su esposa, tras siete meses de haber nacido su hija, quería regresar a trabajar. Éste era el mismo postproductor que escasos minutos antes se acercó a ligarse a mi directora de cuenta y con ese descaro, ahora nos enteraba de que era papá.

La verdad, y sin tratar de sonar mocho, conservador, prejuicioso o mojigato, al estar rodeado de tantos niños tan chiquitos y simpáticos, la actitud del postproductor me pareció repugnante. No podía dejar de reflexionar que si algún día yo llego a ser papá, espero sentir el amor, la pasión y el respeto suficientes para entregarme a mi familia en su totalidad. El momento me hizo pensar en lo difícil que es educar a un hijo, que cada decisión que tomemos puede afectar y cambiar radicalmente su vida. Tatuarlo con nuestras ideas.

Creo que sí soné mocho, conservador, prejuicioso y mojigato.

¿Será que así suena el idealismo?

domingo, 2 de diciembre de 2007

Donde todos conocen tu nombre

Prácticamente todos los martes voy a la mezcalería de Alfonso Reyes. En tan sólo un año, este ritual se ha convertido en un oasis para mi rutina alcohólica. Es una luz, una promesa de entretenimiento tóxico en medio del tedio de todo lo que representa el "entre semana". Su cómodo horario de lunes a miércoles (cierra a las 11 pm) hace que no haya pretextos para desvelarse. (De jueves a sábado cierra alrededor de las 2 am). Ahí se reúnen buenos amigos, de esos que uno frecuenta poco, y el amable staff que siempre te recibe con el gusto de los anteriores. El resultado es un ambiente realmente encantador.

El menú trata de ser lo más cercano y fiel posible a lo regional oaxaqueño: mezcal (obvio), cervezas de chasers, quesillo, habas enchiladas y tamales. La verdad es que en este asunto soy un neófito, porque la primera y única vez que fui a Oaxaca, tuve miedo de probar el místico aguardiente. Sin embargo, en poco tiempo he encontrado una noble bebida que como todas las cosas, no hay que perderle el respeto.

Hace unos cuantas semanas Memita Cremita, mi fiel compinche, y yo nos dispusimos ampliar las posibilidades de la mezcalería. Un viernes cualquiera, Cremita me preguntó si quería ir a a echar un mezcalito para precopear. Acepté sin dudarlo y mientras manejaba por Minería para llegar al recinto en cuestión, Mema me marcó al celular. Citándolo, dijo que estaba "hasta el moco", pero que podíamos probar la sucursal a escasas dos cuadras de la original.

El negocio de la mezcalería ha resultado ser uno tan prolífico, que los socios están abriendo sucursales en diferentes partes de la ciudad. Su estrategia es clara, buscan barrios bohemios y plazas concurridas. Hasta ahora sé que que con la desaparecida en Coyoacán, han existido cinco mezcalerías en la ciudad bajo el mismo concepto de "la Botica". Las mezcalerías siguen el mismo modelo de expansión de negocios que Starbucks. Cada una de Las Boticas es exactamente igual a la otra, cuidan meticulosamente la decoración, los menús, las mesas, las sillas, los muñequitos de Star Wars ochenteros que decoran las barras, el póster del maguey sobre una plasta de color rosa, etc. Todas son exactamente iguales, cambiando únicamente en la distribución de los locales y en dimensiones. Lo que cambia es el ambiente y, por absurdo que parezca, de una mezcalería a otra, se pueden encontrar tribus urbanas radicalmente opuestas.

Ese viernes en el que Memita y yo quisimos olvidar un día lleno de trabajo de oficina y que nos vimos obligados a sentarnos en la mezcalería de Campeche, en vez de la de Alfonso Reyes, pude constatar este fenómeno. Tan pronto entré Mema me recibió aliviado y es que en la mesa junto a nosotros estaba un "pseudomodelo" con espíritu condesero. De esos que dicen palabras como "trendy", "fashion" e "in". Cuando me senté y dejé mi mochila en una silla vacía, una mesera muy guapa, como las que suelen atender estos lugares, me preguntó qué quería beber.

Yo sé lo que va a tomar. Un...contestó por mí el imbécil de la mesa de junto.

La verdad es que ni siquiera supe que dijo, pero el hecho de que se sintiera el rey del lugar y que podía meterse en la comanda de los que ahí estábamos me enervó.Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, Mema y yo volteamos hacia el tipejo con jetas y le dijimos "nah" que no tenía idea qué íbamos a pedir.

Un minero y una Pacífico por favor ordené, dirigiéndome exclusivamente a la apenada mesera.

El imbécil regresó su atención a seguir tratando de impresionar a su pareja, una mujer claramente más grande que él, con un corte de pelo y un atuendo que trataban de ser trendy, fashion e in.

Para todo esto, Memita estaba absorto en la conversación que estaban teniendo en otra mesa, también vecina a la nuestra. Eran tres hombres de unos cuarenta años, teniendo una discusión a un volumen tal, que el resto de los que estábamos en el diminuto lugar podíamos participar.

¿Oíste lo que dijo? me preguntó Mema.

No, ¿qué?

"Las piezas, del ajedrez de la vida, se acomodan solas..." citó mi amigo y yo me cagué de la risa.

Después de unos 20 minutos de beber nuestros mezcales y cervezas en silencio, observando a los comensales y a sus amigos que pasaban a visitarlos vestidos de colores fosforescentes en este ya tan choteado revival de los ochentas, y de escuchar las pláticas incoherentes y molestas, en un acto de completa intolerancia, pedimos la cuenta.

¿Por qué se van? preguntó la mesera desconsolada.

Básicamente por la gente le respondió Mema.

Somos regulares de Alfonso Reyes agregué.

Ahhhhh, sí aquí en Campeche es otra cosa. Pero... no se vayan. Porfa. nos contestó es que afuera hay unos patanes a los que no les quiero dar la mesa. Sólo quédense en lo que paso a otros.

Con su comentario, esa noche de viernes, seguía poniéndose cada vez más rara. Era muy evidente que ella tampoco estaba cómoda trabajando ahí. ¿Pero cómo puede un lugar cambiar tanto a unas cuantas cuadras de distancia de su sucursal?

Mema y yo no quisimos averiguarlo y nunca más volvimos ahí. Nos quedamos en Alfonso Reyes, de donde nunca debimos haber salido.

* Gracias a los autores de las fotos que tomé prestadas en Flickr.

sábado, 13 de octubre de 2007

I ♥ PV

A esa parte zen dentro de mí le choca aceptarlo, pero a veces, me enojo con quien menos debo. Me desquito con alguien que lo único malo que hizo fue estar, como dicta el cliché, en un mal momento, en un mal lugar. Es una pena, pero en general así somos los seres humanos: vengativos, rencorosos, caprichosos y berrinchudos. Sin embargo, esta condición de pasarnos la vida buscando punching bags, por más natural que sea, debe parar. Por eso, mi necesidad de reivindicar y hacer las paces con quienes han salido embarrados en mis derroches neuróticos.

Hace un poco más de un año viví una cierta historia de desamor, que como todas las grandes catástrofes, acabó damnificando a por lo menos un inocente. En mí caso, tras el resquebrajamiento en cientos de pedazos de mi corazón, le agarré una tirria espantosa, no a una persona, sino a un lugar. La verdad es que Puerto Vallarta nunca me hizo nada malo, simplemente fue la locación en la que sucedieron ciertos acontecimientos muy dolorosos. De alguna forma, en mi cabeza existía una pelea por el amor de una mujer, entre buenos (la Ciudad de México y yo) contra malos (Puerto Vallarta y un exiliado que ahí vive).

Mi reacción hacia la pobre ciudad del Pacífico fue, sobre más, desproporcionada. Cada vez que alguien me decía que visitaría el lugar, yo contestaba plantando una jeta inconsciente, que probablemente, más que aparentar mi apatía, se me juzgaba de envidioso. A su regreso todas las personas que visitaban esta playa, hablaban maravillas, acentuando mi desaire. Incluso, cuando llegué a escuchar que el puerto era amenazado por algún huracán, deseé que éste le pegara con la misma furia que vivía en mí. No me importaban ni las víctimas ni las consecuencias.

Hace no mucho, tuve que hacer un viaje de negocios a Puerto Vallarta. Una de esas cosas que salen de sorpresa y que uno, simplemente tiene que hacer. Decir que mi motivación estaba renuente al viaje es una auténtica sobrevaloración de cómo me sentía al respecto. Vomitaba la idea como en resaca de borrachera de más de tres licores diferentes. Pero cuando la economía rige las decisiones, hay poco por decidir, así que emprendí el viaje.

Después de sobrepasar mi latente miedo a los aviones, aterricé en Vallarta. Mientras recorría el gusano para llegar al gate, el 89 por ciento de la humedad que había en la ciudad se apoderó de mis movimientos, convirtiéndome en un letárgico animal bípedo, que se desplazaba con la gracia de un manatí fuera del agua. Durante el trayecto del taxi al hotel me la pasé contestando los mensajes y llamadas que inesperadamente recibí durante el vuelo, mientras precavidamente, mi celular permanecía apagado. Finalmente, llegué a mi habitación con una fresca bienvenida del aire acondicionado. Esa noche, después de arreglar la presentación que me había llevado hasta allá, dormí poco pero muy profundamente.

A diferencia de este relato, la reunión fue breve y concisa, por lo que para el medio día yo ya había cumplido con mis obligaciones, quedándome cerca de ocho horas antes de tomar el vuelo de regreso. Me fui tres a la playa, donde el calor y los borbotones de sudor que escurrían de mi frente, hicieron imposible poder seguir leyendo la novela que llevé conmigo. Simplemente me recosté en el camastro y dejé que el ruido de la temporada baja, me arrullara durante una siesta. Después caminé por la arena hasta donde el sol me permitió, regresé y me fui directo a la habitación para darme un baño de aire acondicionado.

Me quedé dormido otra media hora y me metí a la regadera para quitarme, como alguna vez me dijo la chava de Sonora, lo "chucatoso" o pegajoso por el sudor. Me volví a vestir y pedí a un taxista me llevara al malecón, que por mi misma misión de trabajo, estudié la noche anterior, generándome mucha curiosidad. Después caminé por el pueblito y me refugié en un Starbucks esperando encontrar un auténtico contraste de temperaturas. Al no ser así, seguí caminando y tomé otro taxi de regreso al hotel para empacar. La experiencia rebasó por mucho mis expectativas.

Realmente no pasé más de 18 horas, pero creo por mucho que fueron de las mejores 18 horas de mi vida. Hoy no sólo me doy cuenta que Puerto Vallarta nunca me hizo nada malo, sino que entiendo al exiliado, que en algún momento fue mi enemigo virtual, y las razones por las que se mudó ahí.

Quién sabe, en una de ésas, tal vez y lo alcanzo algún día.

martes, 2 de octubre de 2007

Historias de la publicidad, en boca de un economista. Vol. I

Hoy, cuando no podía ser un día más frustrante, en el que apenas y juntaba dinero suficiente para la renta de mi departamento, por ahí de las 12 del día recibí una llamada de un tal Antonio que me dijo, ― ¿Tocayo? Hola.

― ¿Quién habla?― le pregunté.

― Toño, tu tocayo― a lo que yo me quedé callado.

― Toño de sistemas― siguió ―. Oye, ¿quería saber si me podías prestar tu computadora?

Le contesté que no podía, que estaba esperando cambios del storyboardista y que me urgía mandar un mail.

― Es que me la vas a tener que prestar. Es muy importante. Yo no estoy en la oficina, pero ahorita va a ir contigo Marco― justo en ese momento Marco, un hombre no muy alto con la cabeza rapada tocó mi hombro ―. Le tienes que dar
tu computadora a Marco. Ahorita.

― Pues voy a tener que hablar con mi jefa, yo no le puedo dar la computadora a nadie. Estoy muy ocupado ― contesté, ya encabronado.

― Te vamos a dar otra― respondió mi "tocayo"
.

― Muy parecida― agregó Marco como si se hubieran puesto de acuerdo en su sincronizado plan macabro.

― Ni madres. Yo no les voy a dar nada. Voy a hablar con mi jefa que dudo mucho que esté de acuerdo con esto...

― A ver, dame la extensión de Cecilia ― interrumpió Antonio.

Colgué con él, y cual mafioso esperando la orden para acatar una sentencia Marco dijo, ― yo espero.

Acabé de mandar el mail y salí rabioso a ver a mi jefa. Antonio acababa de hablar con ella y no hubo nada más que hacer. Mi máquina fue asignada a alguien más.

Esperé toda la tarde para recibir mi nueva computadora, molestando al pobre becario para que me dejara checar mi correo en la suya. Finalmente me dieron la de la antigua directora creativa. Mucho peor que la que me quitaron.

Esta misma tarde, Cecilia me pidió que fuera a recoger un premio porque habíamos resultado finalistas en el concurso de publicidad infantil, El Chupete, por nuestro comercial de "Pancitas Felices". Subí al escenario con Luis Bassat (creativo multigalardonado en Cannes, Presidente de Bassat Ogilvy en España y candidato para presidir el FC Barcelona) y Rodrigo Ron (Presidente del festival), me tomaron unas fotos con el premio y me fui a casa, esperando ahora, juntar dinero para pagar las tarjetas de crédito.

jueves, 9 de agosto de 2007

Una de cal

En la película de los Simpsons hay una escena en la que Homero pregunta qué es una epifanía. Hace rato tuve una. Fofa, mi compañera brasileña de piso, no lo pudo haber dicho mejor, "cuando la gente está machucada, hace muchas cosas que no haría normalmente, y que seguro, después se arrepiente".

Sin sonar a justificación, creo que he estado "machucado" muchas veces y he dicho y hecho cosas que desafortunadamente han embarrado a mucha gente. Si usted, amable lector, es una de ellas, de todo corazón le pido una disculpa.

domingo, 3 de junio de 2007

No es que no exista, es que está subestimado

Tengo entendido que Luceli conoció a Mehdí en un viaje que hizo por Europa. Rápidamente Luceli se enamoró del mejor amigo de Mehdí y éste de la amiga de Luceli. Después, el viaje terminó y con él, el romance. Luceli encontró a Mehdí y empezaron a platicar todos los días por messenger. Se encontraron en otro viaje a Nueva York y se enamoraron. Uno realmente no escoge de quién se enamora ni donde. Se fueron a vivir juntos a Canadá y el sábado pasado los conocí a ambos en su boda.

Mehdí nació a más 13 mil kilómetros de México, en Irán, lo que probablemente lo puso en conflicto con su amada durante la pasada copa del mundo, cuando los países se enfrentaron en el primer partido del grupo. Después del primer tiempo y estar empatados a un gol, México ganó 3-1, tras las anotaciones de Omar Bravo y de Zinha. No tengo idea cómo lo habrán vivido Luceli y Mehdí, pero lo que si es un hecho, es todo lo que tuvieron que pasar para casarse.

Para llegar a la boda, los papás de Mehdí fueron a la embajada mexicana en Irán, donde cual oficina de gobierno se las hicieron de tos con todos los papeles, trámites, formas y demás burocracias para conseguir la visa. Parece que la presión gabacha para frenar la inmigración de Medio Oriente ya permeó en nuestro país. Finalmente los padres del novio tuvieron que dejar empeñadas las escrituras de sus propiedades en Irán en nuestra embajada, para poder venir. Más de 30 horas de vuelo después llegaron a México y celebraron la unión de su hijo como pocas veces tiene uno oportunidad de presenciar.

La misa fue en realidad una bendición extraña, como me lo explicó Emilia, mi date para la ocasión. Le dijo a mi agnóstico e inculto ser que la diferencia radicaba en que no hubo lectura del evangelio. El cura le pidió a Luceli que le explicara a Mehdí que le daba la bienvenida a "su iglesia, a su Dios y a su familia". Me gustó el detalle, suelo no coincidir ni congeniar mucho con el clero.

Ya en la recepción hubo un buffet de antojitos mexicanos, que no estaban mal pero tampoco increíbles. Durante la cena, el DJ puso ese disco de éxitos de los 90s en jazz que tanto suena ahora. Después de cenar, los novios pasaron a una especie de altar donde los papás de él practicaron una ceremonia, en donde a los recién casados se les espolvoreó azúcar y compartieron diferentes dulces típicos de Irán, para que tengan "un matrimonio dulce". Cuando ya abrieron pista, el DJ mezcló la típica música de boda ("pasamé la botella", caballo dorado, todas las de los animalitos, reggaeton, etc.) con éxitos iraníes. Cuando estos sonaban, los mexicanos en la pista se hacían un poco para atrás y aplaudiendo dejaban a los familires de Mehdí bailar. Reacción extraña siendo que la música era tan exótica como el "Buddha Bar".

El momento que más me conmovió en la noche fue el video que la hermana de Luceli dedicó a los novios. Más allá de ser el típico video de graduación, con imágenes que narran cronológicamente el encuentro de ambos amantes, sobrepuesto a la canción de "te amaré" de Miguel Bosé, logra por completo, y debo decir sorprendentemente, capturar el amor que verdaderamente se vibra entre estas dos personas.

Luceli y Mehdí se conocieron por accidente, tuvieron ondas respectivamente con sus mejores amigos y por azares de la vida, terminaron profundamente enamorados. Se casaron en México en una boda que, con mucho esfuerzo, trataba de ser como las demás bodas: las amigas de la novia corriendo como gallinas sin cabeza al rededor del salón antes del ramo, los novios bailando "You're still the one" de Shania Twain, los colados como yo, tratando de beber gratis. Sin embargo, la boda de Luceli y Mehdí fracasó en su objetivo de ser como las demás. Fue una auténtica celebración del amor entre dos personas y todos los presentes, iraníes, mexicanos y canadienses brindamos por éso. ¡Salud!

martes, 29 de mayo de 2007

Ahora en papel

En la más reciente entrega de la revista Quo aparece la primera colaboración que hice para ellos, disponible en todos los puestos de revistas del país.



lunes, 28 de mayo de 2007

Más de lo que ves

La premisa de Transformers, la próxima película Michael Bay y de las caricaturas que con tanta devoción veía en los ochentas, es que un grupo de robots extraterrestres emigran a la Tierra, ante la falta de alimento en su propio planeta. Como si los 6,602,224,175 individuos que actualmente la habitamos no fuéramos suficientes. El caso es que como son robots gigantes y los seres humanos somos bastante paranoides, toman la forma de diferentes vehículos para camuflajearse entre nosotros. De esta forma se "transforman" a voluntad de una cosa a otra y de ahí, el título de la historia. Yo quiero ser un Transformer.

Desde niño siempre he sido muy aprehensivo, producto tanto de la educación terrorista que recibí, como de mi propia personalidad. El problema es que al combinar ambos factores, me convertí en alguien muy susceptible e incluso frágil ante la frustración. No me gusta que las cosas no salgan a mi manera. Cuando quiero algo, cuando por fin me cae el 20 y me doy cuenta de que éso es lo que necesito, hago todo en mi poder para conseguirlo. Soy tenaz, ambicioso y hasta rayo en lo obsesivo. Claro, para llegar hasta ese punto pasaron varios sentimientos opuestos como desidia, conformismo y hasta la más pura hueva.

Cuando uno va por algo, siempre hay un límite en nuestras posibilidades, no todo depende de nosotros y sería muy ególatra pensar lo contrario. En cualquier meta, proyecto o esfuerzo hay una variable exógena cuyo desenvolvimiento no depende para nada de uno. A esta variable exógena la llamamos "suerte".

Es horrible pensarlo así, pero es vital aceptar la suerte y ponernos a sus pies, cuando ya hemos hecho todo lo que sí estaba en nuestras manos para ver el desenlace en cuestión. Una entrevista de trabajo por ejemplo. Puede ser el trabajo para el que naciste, prepararte para las entrevistas y exámenes, vestirte con tus mejores trapos, tener un extraordinario desenvolvimiento, la gracia y el carisma necesarios, pero ¿de qué depende realmente? Que no haya alguien con mejor curriculum, mejores trapos, más agradable, gracioso y seguro de sí mismo, con más experiencia o que simplemente le guste más al reclutador. Siendo muy honestos, que ése ser asqueroso llegara por el mismo puesto que uno, realmente no depende de nosotros.

Siendo consciente de todo esto, últimamente han habido cosas que me han salido bien y cosas que no; cosas con las que sé que no he hecho todo lo que tenía que hacer para conseguirlas y aun así las logro, y contrariamente, cosas en las que realmente me he esforzado pero me la he pelado. De niño pensaba que cuando algo no me salía bien, es porque en futuro sería compensado por una fuerza superior, probablemente divina. Hoy me doy cuenta que básicamente la vida no es justa y la única compensación que uno obtendrá de un fracaso es el aprendizaje intrínseco del mismo. Es un hecho, cada cagada tiene su lección.

Por lo tanto, me guste o no, las cosas no siempre van a salir como yo las planeé, pero aceptarlo no le quita el tan grotesco sabor que deja la frustración. Por eso, como los Transformers me quiero convertir en algo para poder pasar desapercibido entre mis fracasos y creo que la forma que quiero tomar es la de un hippie. Pero no un hippie tocatambores de Coyoacán. Yo quiero ser uno como Jeffrey "The Dude" Lebowsky, con la indiferencia que le permite después de tener uno de los peores días de su vida, servirse un Ruso Blanco y tirarse en su tapete a contemplar el techo de su departamento.

Me quiero transformar en alguien que, al final del día, se muerda la lengua y sonría.

miércoles, 25 de abril de 2007

¡Ay nanita!

Puedo vivir perfectamente con las cosas que nos mueven, que nos entristecen, que nos sorprenden y que nos alarman. Pero hay algunas cosas que simple y sencillamente me sacan de pedo. Esa sensación "dimensión-desconocidezca", como que te desconectaron del Matrix, que cambió tu realidad, en un sentido puramente existencialista que no somos nada o, como dijo Mafalda: "paren la Tierra, que me quiero bajar". Con esas cosas tengo problema.

Hoy tuve uno de esos episodios, aunque claro, para variar me lo busqué. Hay gente que paga por que lo asusten en el cine. Ese masoquismo colectivo que ha hecho millonarios a Freddy Krueger, a Jason, al niño que ve muertos, a la bruja de Blair, al exorcista y a Al Gore. Yo, en particular odio las películas de terror, y en cambio, pago mucho más dinero a mi psicóloga para experimentar revelaciones brutales.

La situación ocurrió más o menos así. Mi terapeuta tocó un nerviecillo álgido en mi psique. Es como cuando un doctor regular checa tus reflejos y te da un golpecito en la rótula de la rodilla con un martillo. La pierna se dispara violentamente, ante el contacto que hubo con la terminal nerviosa. Igualmente mi cerebro reaccionó en protesta ante las palabras de la doctora, y desembocó un cansancio repentino que no me permitía escuchar con atención lo que la doctora trataba de decir y en cambio, me hacía luchar porque mis ojos permanecieran abiertos. Un mecanismo de defensa digno para desarrollar un episodio de Hitchcock.

Sin embargo lo más extraño pasó después, cuando en la plática salió una idea de conocerse a sí mismo. Hasta hoy pensé que sabía quién era. Pues resulta que algunas personas tienen perfectamente identificado el cómo quieren ser, aunque no necesariamente coincide con quien realmente son. Muchas veces desarrollamos nuestra personalidad basándonos más bien, en quien no queremos ser. Hay un ejemplo muy sencillo. Cuando las mamás tienen frío, no importa que la temperatura real sea de 35 grados, ella le pone el sweater al niño. O como el voto útil que hizo que ganara Fox, "no me importa quien gane pero que no gane el PRI", con la personalidad es lo mismo, "no me importa quién soy, pero no quiero ser tal..."

El punto es que después de tener esta reflexión, por unos cuantos segundos me quedé vacío, con una momentánea amnesia que me dejó sin identidad. Cientos de pensamientos iban y regresaban en mi pobre cabeza desolada. Tantos años de defender algo que no existe. De construir un personaje y hacerlo vivir cosas que nunca sucedieron. Una imagen falsa y un ente totalmente nuevo que descubrir. La psicóloga rápidamente intervino recordándome la esencia de mi ser, pero lo más importante fue enseñarme que cuando haga recorridos turísticos por mi personalidad, tengo que distinguir la máscara de quien uno es en realidad. Me saqué de pedo.

martes, 10 de abril de 2007

La ironía según la Maestra Morissette

En algún momento escuché en una rutina de stand-up, a un comediante destrozar cada uno de los ejemplos que Alanis Morissette cita en su canción "Ironic", para describir lo que es en sí la ironía. Al recorrer los fallidos ejemplos entre los que sobresalen las "10 mil cucharas cuando lo único que necesitas es un cuchillo" o "el buen consejo que nada más no tomaste" uno no puede dejar de sentir una cierta penita ajena por Alanis. Las diferentes viñetas a lo largo de toda su canción más que situaciones irónicas apenas y logran narrar episodios de mala suerte. Incluso el tema ya se puede buscar como tal en la tan útil Wikipedia. Lo verdaderamente irónico del asunto es el hecho de tratar de componer una canción para ejemplificar lo que es la ironía sin lograrlo. Su meta era ambiciosa y no por nada le costó un trabajo a Wynona Ryder en Reality Bites cuando no pudo darle a un editor una definición verbal de ironía.

Hoy, sin embargo, justo al salir del consultorio de mi gastroenterólogo, entendí a Alanis y lo que su cabecita de 21 años trató de decirle al mundo en 1996.

Al escribir esta entrega de blog, estoy a escasas 24 horas de alcanzar oficialmente el fin de mi juventud. Sinceramente nunca he creído eso de que la juventud está en la mente, no cuando se me cae el pelo y tengo que visitar un gastroenterólogo. He dejado de ser joven y tengo que aceptarlo. Suelo no ser muy celebrativo al acercarse mi cumpleaños, pero después de una semana santa de beber cual adolescente pensé, ¿por qué no? Mi cuerpo de todas formas no me seguirá el paso por mucho más cumpleaños de excesos. Así que decidí hacer un festejo por cada década vivida. Por ahí del domingo estaba realmente emocionado con esta idea, hasta el grado de dejarlo plasmado en algún momento del texto que escribí para la invitación electrónica y que decía lo siguiente:

"La buena noticia es que el alcohol es un estupefaciente legal en este país, por lo que los invito a que olvidemos juntos todas mis expectativas no cumplidas. Una sola fecha no era suficiente para celebrar dicha ocasión, por lo que la fiesta correrá a lo largo de tres fines de semana..."

Un bar, la tocada de mi nuevo grupo favorito y una fiesta alrededor de una alberca serán las sedes para alojar mi deseo de celebración etílica. Frustrado por completo después de mi visita de hoy con el gastro, quien diagnosticó que esa molestia que me venía aquejando desde hace ya tres semanas, se trataba de un cuadro de esofagitis y reflujo, por lo que debería de guardar una dieta muy estricta y por supuesto, no beber ni una sola copa. En términos coloquiales, los ácidos de mi estómago, están escapando de las paredes del mismo, para subir por el esófago y quemarlo a su paso.

Ésa es exactamente la experiencia que quiso atrapar y transmitir Alanis en su canción. Ése es el sentimiento que te hace creer que los planetas se han alineado para frustrar tus planes. Que el mundo está en tu contra y que te sientes tan pendejo como vulnerable. Pero no deja de ser puritita mala suerte, no una ironía y lo único que nos queda por decir, es lo que me dijo alguien a quien quiero mucho hoy cuando le conté: "ay dio".

domingo, 11 de marzo de 2007

Ahhhh... los ochentas

El frío de la mañana se une a las ganas que tengo de orinar para hacer más fastidiosa esta experiencia, de lo que ya es en sí. Un par de muchachitos dejan a sus papás en la larguísima fila en la que estoy formado, para cobijarse debajo de los primeros rayos de sol, que aún se ven a lo lejos. Saco el libro que estoy leyendo de mi mochila, me pongo los audífonos y mis lentes para tratar de abstraerme de la situación. Apenas abro el libro para hacer que mi mirada busque las líneas que dejé la última vez que lo visité, cuando un hombre se acerca contando en alto, igualito al Conde Contar de Plaza Sésamo.

— 70, 71, 72...— me quito un audífono y descubro que en su conteo soy el número 73.

— ¿Por qué cuenta señor? — le pregunta una señora como a dos lugares de mí en la fila.

— Es que por ser domingo, sólo van a entregar 80 fichas para sacar el pasaporte.

Una semana antes, llegué a las ocho y media de la mañana a las oficinas de la Secretaría de Relaciones Exteriores en Villa Olímpica, para tramitar el documento en cuestión. Habían cambiado la entrada del estacionamiento y ahora, la ubicación de ésta era por la del antiguo Cinema Perisur, famosísimo por dos cosas: tener un equipo de seguridad que evitaba a toda costa que los adolescentes se besaran en este recinto al séptimo arte y una melodía chifladita, tan pegajosa como la de Peter, Bjorn y John, que anunciaba el intermedio.

Ya ahí, bajé de mi auto y descubrí una enorme fila de personas, que auguraban una demora en mi agenda. En ese momento calculé, que a lo mucho, me tardaría un par de horas en hacer el trámite. Llegué con el policía que custodiaba la entrada y le pedí un formato de solicitud.

— ¿Para pagar?— me preguntó el hombre con el tono prepotente que uno esperaría escuchar de un guardia de oficina gubernamental.

— No, para el pasaporte— le contesté.

— Uy joven, hasta mañana. Ya se repartieron todas.

—Y, ¿a que hora tengo que llegar?

—Pues mire, estas personas llegaron desde las tres de la mañana— dijo, señalando a las personas que encabezaban la fila.

Con la obvia frustración que generó su respuesta, regresé a mi oficina antes de lo que esperaba.

En 1988 fui por primera vez a Estados Unidos y a lo que posiblemente es uno de los sitios turísticos más icónicos, Disney World. Volamos vía Miami y en este aeropuerto, mi hermana, a sus entonces cuatro años, se aventó un comentario que recuerdo con muchísimos cariño, —¡Secuestraron el avión y nos trajeron a Cuba!— dijo la inocente. Vestido con unas bermuditas floreadas de colores fosforescentes, una camisita polo negra y una gorra de camionero con la imagen de Mickey Mouse celebrando sus 60 años, mi misión en Disneylandia fue fotografiarme con cuanta botarga pudiera. No tengo idea porqué, pero a mis nueve años, los juegos y demás atracciones que ofrece el parque, no eran tan atractivos como ver adolescentes de Florida uniformados con calurosísimos disfraces de personajes animados. Me parecían fascinantes.

Para llegar a Orlando mi mamá nos despertó como a las cuatro de la mañana un día regular de clases. Nos bañamos rápido y, muy abrigados, nos llevó a Villa Olímpica para formarnos por horas para que nos dieran la bendita ficha de pasaporte. En esa época sólo había que elegir una fecha y que mi mamá avisara en la escuela que mi hermana y yo, nos ausentaríamos para sacar el pasaporte. A mis casi treinta años, me encantaría poder hacer lo mismo, pedir a mi madre que le hable a mis jefes para decirles que no podré ir a trabajar para conseguir el documento.

Con 72 personas antes que yo en la fila y la latente posibilidad de no recibir ficha, deduzco irónicamente que no fui el único en encontrar la única oficina que expide pasaportes los fines de semana. En algún momento de mi espera, distraigo mi lectura con una gordita que accidentadamente llega con su madre, un par de posiciones atrás de mí.

—Ya se acabaron las fichas.

—¿Cómo? — le pregunta su mamá consternadísima.

—Sí, van a dar hasta ahí, hasta la señora de rojo —contesta apuntando a una mujer muy lejos de nosotros.

Sin ficha, haciéndome pipí y con un sabor a fracaso en la boca, emprendí el regreso de Mundo E. Me tendría que levantar a las cuatro de la madrugada un día de estos, como lo hizo mi mamá en 1988. Lo peor es que también tengo vencida la visa de Estados Unidos.

lunes, 5 de marzo de 2007

...

La actualización habitual de este espacio se reanudará próximamente. Mientras tanto, ésta es la lista de reproducción que está sonando en mi iPod con mayor frecuencia, y es que la verdad, está muy buena.