miércoles, 27 de diciembre de 2006

Lo que importa es el detalle

Más vale tarde que nunca y para evitar hacer un "George Costanza", memorable personaje de Seinfeld que vivía con sus padres, en el 2007 me salgo de casa de los míos. Por tal motivo y con su respectiva antelación, le pedí a toda persona a mi alrededor que por favor no intercambiáramos regalos este año y así poder ahorrar. Hubieron varias caras largas y la decepción de quienes tenían el espíritu navideño a todo lo que daba. También hubo quienes recibieron esta noticia de buena gana y con aprobación, de entre las cuales estaba mi mamá.

En las pasadas 29 navidades, mi madre ha jugado su rol festivo a la perfección: decoraciones múltiples (en algún momento mi hermana y yo nos burlamos de que parecía Chevy Chase en National Lampoons Christmas Vacation), el horneado de galletas y fruitcakes, la esperada llegada de Santa Clause, los regalos imposibles de conseguir, etc. El año pasado fue diferente, mi mamá tuvo que tomar un vuelo a Seattle el 16 de diciembre porque mi abuela estaba agonizando. Después de aterrizar, y ya en la carretera con un tío, recibió la llamada que anunciaba la súbita muerte de su madre. Parecía que mi abuela estaba esperando a que su hija pisara tierra para dejar este mundo. La navidad pasada tuvo que ser una de las más extrañas de mi vida, ya que habíamos tenido dos pérdidas: mi abuela y el espíritu navideño de mi mamá. En un ambiente de duelo latente todas las tradiciones se rompían una por una.

Así que este año reanudamos las celebraciones, sin dejar de recordar a mi abuela. A unos días de la tradicional cena de noche buena, tuve un arrepentimiento tipo grinch, por lo que decidí salir al infierno dantesco de un centro comercial en búsqueda de un regalo para cada miembro de mi familia nuclear. A mi madre le compré un libro sobre los juegos que inventaron los artistas surrealistas del siglo pasado como Magritte, Carrington y Picasso. Además le regalé una libretita muy cuca para que ella desarrolle y ponga en papel sus propias ideas. Para mi hermana y papá compré detallitos simbólicos pero con su respectivo valor sentimental.

El 24 en la noche llegó y antes de irme a la cena repartí los obsequios, nadie quedó decepcionado y todos los recibieron con agrado y sorpresa. Cuando regresamos en la madrugada, mi mamá empezó a gritar, Ya llegó Santa, espero que se hayan portado bien.El espíritu de mi mamá estaba de regreso y con él había bajo su brazo un par de regalos para mi hermana y para mí. La verdad estaba bastante sorprendido, dado mi insípido ultimátum mamón. Destrocé la envoltura en tiras de papel de diferentes tamaños, para descubrir una caja de cartón grueso. Ahora la sorpresa se había convertido en emoción. Esperé unos segundos antes de abrir el empaque como lo hacía cuando era niño para alargar el momento de la expectativa. Finalmente abrí la caja. En su interior había un bulto de piel negra.

Es... ¿una bolsa canguro? le pregunté a mi mamá sabiendo que en efecto el regalo era una cangurera.


Es de piel contestó mi mamá en un tono de presunción. Hay más adentro.

Saqué el ochentero obsequio para revelar otro empaque en el fondo de la caja. Había una bolsita con otro bulto de piel negra en su interior. Esta vez una etiqueta que leía "bicycle and gym gloves".

Están padres pero no voy ni al gym ni ando en bicicleta.

Tú me los pediste.

Mi mamá estaba viviendo una realidad muy lejana a la auténtica. Es el peor regalo que me han dado en mi vida. Lo bueno es que volvió su espíritu.

domingo, 17 de diciembre de 2006

Los 10 discos de mi 2006

El sexto año del nuevo siglo se esfuma con el recuerdo de la apocalíptica entrada de la década de los dosmiles. Hoy en día, el tan sonado Y2K se incorpora al club de las leyendas urbanas que plagan nuestros correos electrónicos todos los días (como el chupacabras, los gatitos bebés en frasquitos que vendían por Internet o la banda de los Sangre, que si te echaban las luces al conducir, era mejor acelerar a fondo, quitarse el cinturón y tirarse por el segundo piso, a ser víctima de sus ritos de iniciación. En fin, en esta época de regalos y buenos deseos no podían faltar las listas de lo mejor del año que termina.

Mi intención no es hacer una lista de los mejores creaciones discográficas de 2006, ya que de todos los álbumes que compré, la mayoría no fue editada en este año. Más bien hago entrega de los 10 discos que de alguna manera marcaron los últimos 12 meses de mi vida, en orden de relevancia.

Sin más preámbulo:

10.- Chetes - "Blanco Fácil"

Más fresa que "niño pijo de Ford Fiesta blanco y jersey amarillo", Chetes el ex Zurdok lanzó un disco solista tan lleno de lugares comunes como de buenos arreglos y canciones pegajosas. Es un disco sincero que descubrí en el Manifest de este año y me declaro fan.



9.- Phoenix - "It's never been like that"

Una de esas bandas que les falta un apretoncito en algún lado de su carrocería para convertirse en vólidos del pop. It's never been like that es un disco perfectamente bien logrado que integralmente funciona de principio a fin. Sin embargo, a diferencia de sus antecesores, le faltan los trancazos radiofónicos.



8. - Cake - "Comfort Eagle"

Bueno, bonito y barato. Cake logra uno de sus mejores trabajos en este disco del 2001. Llegó a mis manos cuando husmeaba curioso la sección de $99 pesos del Mix Up. Un poco más ambiciosos pero sin perder esa tetéz/cool que los caracteriza como banda, John McCrea y compañía me pusieron a bailar como loquito.


7.- Sia - "Colour The Small One"

El corte Breathe Me tiene que tener una de las líneas que más repetí durante el año: "Ouch I Hurt myself again". Sia lleva ya un rato en la escena inglesa y la verdad este es el único disco que he escuchado de esta australiana pero desde Sarah McLachlan, no escuchaba una cantautora tan sensible y poderos como ella.


6.- Jack Johnson - "In Between Dreams"

Este disco está lleno de pura buena onda. Jack Johnson nos invita a desconectarnos del ajetreo cotidiano, del ruido y del tráfico para llevarnos por ritmos acústicos y vibras hippies. La última vez que lo escuché enterito fue en la carretera de regreso a Tepoztlán y fue el soundtrack perfecto de ese recorrido.


5.- Franz Ferdinand - "You could have it so much better ..."

En general tardó en cuajar dentro de mí: primero estaba muy emocionado de que ya iba a salir a finales de 2005, después se lanzó y mi emoción se cayó por alguna razón. Me tardé cuatro meses en comprarlo y no fue hasta el concierto de este año, que no lo pude dejar de escuchar. Cada vez me gusta más la forma de escribir de Alex Kapranos y el mejor ejemplo es Walking Away.


4.- The Smiths - "The Queen is Dead"

Los Smiths son un grupo que he escuchado toda la vida sin querer, todos mis amigos eran fans, mi secundaria era inglesa por lo que todos mis maestros también eran fans, pero nunca les agarré la onda. Sólo hace un par de años, cuando los escuchaba en la radio le dejé de cambiar. Hoy los amo y The Queen is Dead es el primer disco que compré de ellos, incluso me atrevo a decir que Morrissey es uno de los mejores letristas que ha habido en la música pop.

3.- Miles, Nina, John, Charlie, Billie, etc. - "Todas las colecciones que compré de Jazz"

En algún momento de este año, poco antes de entrar a terapia, tuve la necesidad de empezar de cero. Toda la música que escuchaba me lastimaba, así que empecé a visitar regularmente el Zinco y a comprar recopilaciones de jazz. De esta forma todo era nuevo y nada me traía malos recuerdos. Miles Davis salvó mi vida.


2.- The Killers - "Sam's Town"

El mejor disco de rock de este año por mucho. Sí es cierto que los Killers están fuertemente influenciados por rockeros clásicos que resaltan el patrioterismo gabacho como Bruce Springsteen y John Cougar Mellencamp, pero eso no los hace menos buenos. Desplazándose con suavidad entre lo fashion y lo profundo; lo melódico y lo ochentero, Sam's Town clasifica a los Killers como una de las pocas bandas cuyo nombre es antecedido por el artículo "The" que se seguirán escuchando por mucho tiempo.

1.- Cat Power - "The Greatest"

Chan Marshall está pocamadre. En The Greatest plasma un matiz de estados de ánimo, complejos y sinceros. Logra transmitir su oscura personalidad, dejando perfectamente claro el mensaje que se propone en cada uno de los cortes. Hace unos meses, en una reunión donde estaba poniendo canciones con mi iPod, un amigo sonorense me pedía: "... si no son románticas y profundas, mejor no las pongas, pues." Este disco le encantaría.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Por lo menos alguien cerró bien el año...

No voy a decir cuál es para no echarlo a perder, pero en el momento climático y absolutamente predecible de Un buen año, cinta en cartelera con Russell Crowe (después de dar el viejazo gacho y que sus noches de excesos le pasaron la cuenta), me fue imposible no voltear a mi alrededor y capturar las expresiones de los presentes. A mi lado derecho estaba mi queridísima Annie, exnovia y de mis mejores amigas. Del lado izquierdo estaba una pareja en sus 40s, atrás otra pareja mucho más acaramelada en sus 30s y adelante un grupito de dos chavas y un güey. El punto es que todos cayeron redonditos ante cómo culminaba la trama cursi, y veían con esperanza y hasta un poco de envidia lo que sucedía en la pantalla. ¿Es que nadie ha amado a alguien en esta ciudad?

Las situaciones que presentan las romanticomedias desde que yo era niño son siempre las mismas: Chavo conoce a Chava o viceversa (y también se pueden hacer todas las combinaciones de género que la imaginación permita). Chavo no puede estar con Chava porque Chava es pobre, judía, católica, virgen, fresa, mojigata, puta, etc. Chavo la deja ir cuando Chava le dice que lo ama, pero la vida sin Chava se vuelve insportable para Chavo: al caminar por las calles, al pensar en su cuarto, o simplemente hacer popó, porque todo le recuerda a Chava. Chavo se convence que Chava es la onda y va por ella... pero Chava es muy orgullosa y no perdona fácil, por lo que hace que Chavo ruegue tantito y entonces se besan.

Entonces, ¿por qué son tan exitosas estas películas? Yo creo que son muy pocas las personas que se atreven a amar a esa personita que realmente les mueve el tapete desde adentro, la que toca nuestras fibras más reptilianas y que nos hace irracionales. A esa persona que nos entiende y encanta, pero sobretodo nos apasiona. Ése es exactamente el tipo de relación que ponen en las películas. El chiste es que todos podemos tener nuestra propia historia de amor si nos atrevemos. Tal vez la persona quien nos va a tocar el alma esté en donde menos la esperamos: puede ser la que atiende en el Starbucks, una celebridad que aún no nos presentan o estar sentada a un par de cubículos del lugar donde trabajamos. Lo que definitivamente no ponen en las películas, o por lo menos en la mayoría de las comedias románticas gabachas, es que este tipo de relación, bajita la mano, siempre acaba en un arañazo. Así funciona la pasión.

sábado, 9 de diciembre de 2006

Del contexto al argumento

Esteban puso sus ojos por primera vez en Carmen una tarde en la que coincidieron en el elevador del corporativo, justo a la hora en que ambos salían de sus oficinas. Desde ese día, poniendo a un lado la racionalidad que caracterizaba su patrón de comportamiento, descubrió que había algo entre ellos. Él le sonrió y ella le preguntó con pena hacia dónde iba, así que él sin importar realmente a dónde iba, le ofreció un aventón. Subieron alegres al automóvil de Esteban embarcándose en el tráfico de la Ciudad de México y en una conversación que duró todo el trayecto. Esteban le confesó a Carmen su fascinación por la memorabilia de la Guerra de las Galaxias y ella sus sueños frustrados de ser bailarina profesional de ballet.

El viaje de regreso de la oficina se convirtió en algo habitual para estos dos capitalinos. Por varias semanas coincidieron sus horarios y compartieron el martirio de cruzar la ciudad para llegar a sus destinos. Pronto Esteban le declaró su amor a Carmen, quien recibió la noticia con alivio y gratitud. Un par de meses después decidieron mudarse juntos y compartir los gastos de un departamento en la colonia Nápoles. Jamás salieron en una cita, por meses no fueron al cine, ni caminaron agarrados de la mano en algún parque como lo hacen cientos de enamorados en esta ciudad. Simplemente los unió la compañía que se hacían al desplazarse por hora y media, del trabajo a sus casas.

En esta historia hay tres personajes principales: Carmen, Esteban y por supuesto, la Ciudad de México, quien sin su valiosa cooperación y caos rutinario, estos enamorados jamás hubieran sido. En este sentido el contexto es más que un puro ambientador. No sólo nos está diciendo el tipo de lugar en el que viven los personajes o su situación socioeconómica; se está convirtiendo en un personaje más cuya participación está afectando el desarrollo mismo de la historia. ¿Qué hubiera pasado si Carmen hubiera tenido a su disposición un sistema de transporte público económico y sobretodo eficiente? No hubiera necesitado pedirle a Esteban un ride para llegar a su casa, y así, las deficiencias y falta de planeación de la urbe más grande del mundo, se convierten en el mejor regalo para dos de sus habitantes.

En este sentido, los más grandes cuenta-historias no sólo han sido muy específicos al ubicar a sus personajes, sino que han integrado a las diferentes metrópolis como un personaje más en sus historias.

Si alguien ha podido lograr esto con contundencia y elegancia es Woody Allen, el eterno enamorado de Nueva York (aunque en estos días le está poniendo el cuerno con Londres) y que logró plasmar en sus cintas ese encanto tan característico que goza la ciudad.

En Annie Hall, distinguida con varios Oscares en 1977 incluyendo mejor película, el personaje principal, Alvy, es un reflejo nítido de muchos rasgos del mismo Allen.: un comediante neurótico, paranoide, con miedo a la muerte y sobretodo a vivir. Alvy representa el estado físico y mental del neoyorquino común, víctima de la agitada vida de una de las capitales con mayor acción en el mundo. Sin embargo, como dijo Doña Cristina Pacheco: “aquí nos tocó vivir” y Alvy acepta todos los costos de hacerlo en Nueva York, cuando su amigo Rob le sugiere mudarse a pastos más verdes como los que crecen bajo el calorcito de Los Ángeles. Ante esto Alvy advierte:

“No quiero vivir en una ciudad cuya única ventaja cultural es la vuelta continua a la derecha”.

Si una urbe puede convertirse en protagonista de una obra, entonces sus habitantes ayudan a moldear lo que será su personalidad. Los que vivimos en las metrópolis somos quienes plasmamos en ellas el humor, el carácter y sobretodo la actitud que las define.

En el Maestro y Margarita la deliciosa novela del poco célebre, pero no menos magnífico, Mijaíl Bulgákov, Satanás llega a Moscú para, prácticamente, voltearla de cabeza. Encarnado en Voland, un profesor de magia negra cuya descripción semeja en una coincidencia fenomenal a David Bowie, sus acciones manifiestan el estado de ánimo de una ciudad en pleno hervor socialista.

Acompañado de Popota, el enorme y sarcástico gato negro, y de su asistente, Koroviev, de aspecto tan inhóspito que podría incomodar a un hippie de Coyoacán, Voland enfrenta en un sin número de situaciones a los habitantes de la ciudad, en especial a la élite cultural, y a través de las cuales pone al descubierto el ambiente de corrupción, avaricia, intolerancia y paranoia que se vivía en la Rusia estalinista.gato negro y Ahora bien, no necesariamente el proceso narrativo tiene que seguir un orden en el que metrópoli se integre a la historia, ya que puede ocurrir lo contrario: que de la urbe se desprenda la historia. Este es el caso del artista conceptual belga Francis Alÿs, que en 1987 escogió a la Ciudad de México como base de operaciones para desarrollar su manifestación artística.

Hace no muchos meses se presentó en el museo de San Ildefonso la exposición “Diez Cuadras Alrededor de mi Estudio” (Walking Distance from the Studio) una serie de instalaciones y obras multimedia desarrolladas a raíz de las caminatas que Alÿs realiza por las calles del Centro Histórico. En una de las piezas más significativas Alÿs plasma con un humor majestuoso la actitud poco comprometida, pero igualmente morbosa, del capitalino común ante una situación de alarma. Acompañado por una cámara Alÿs captura todo su recorrido desde una tienda donde adquiere una pistola hasta el momento en el que es arrestado. Cronometrando los letárgicos 12 minutos que toma la reacción, el artista logra contar una historia que después reactúa en perfecta sincronía con el pietaje original. De esta forma la ciudad no sólo se manifiesta en cada una de las obras de la colección, sino que funge como eje para el desarrollo de las mismas.

Como seres racionales, diariamente nos exponemos a la toma de una serie de decisiones, que por minúsculas e insignificantes que parezcan, pueden tener consecuencias trascendentales en nuestras vidas. Una de estas decisiones es hacer un hogar de la ciudad donde vivimos. Los que han tenido la oportunidad de recorrer hasta el último rincón del mundo tendrán más de un punto de comparación para elegir dónde vivir. Los demás debemos hacer consciente de cómo la metrópoli donde vivimos es culpable de cientos acontecimientos diarios que afectan nuestras historias particulares, y de alguna forma, si ya decidimos vivir ahí, debemos ponernos flojitos, cooperadores y dejarla ser un personaje más de nuestras vidas.

Entre rayas y cuadros

Las nuevas tendencias de la moda nos autorizan a hacer algo que hasta hace poco tiempo, hubiera sido una absoluta falta a la moral y el buen gusto: mezclar rayas con cuadros.

Hace unos días me compré unos Vans clásicos, aquellos ochenterísimos tenis tipo mocasín, con un patrón de cuadritos de ajedrez impresos en la lona. Esta adquisición fue producto de un impulso irracional y compulsivo, como la mayoría de las cosas que suelo poseer.

Ese día iba a salir con una chica y en mi muy particular y neurótica percepción, los tenis que traía puestos, estaban demasiado sucios para lugar en donde me encontraría con ella. (Como si unos Vans nuevos fueran a cambiar una percepción de elegancia...)

El problema fue que ya una vez firmados, me di cuenta que aunque los colores de los zapatos combinaban a la perfección con mi camisa, las rayas de ésta me generaban un conflicto visual con los cuadritos.

Finalmente no los estrené ese día y me fui al date con los Converse marranos.

Esta superficial metáfora me lleva a cómo hay algunos paradigmas que simplemente no se pueden romper, aun cuando alguien más trate de cambiarlos. Lo mismo me está pasando con los Blogs.

Después de enfrascarme en más de una discusión con varias personas sobre el tema de los Blogs, su relevancia, impacto, difusión y trascendencia, finalmente estoy aquí. No sé por cuanto tiempo, ni con que frecuencia le meta mano a este pequeño espacio, pero para realmente cambiar un paradigma se tiene que probar y eso es justo lo que haré.