lunes, 11 de diciembre de 2006

Por lo menos alguien cerró bien el año...

No voy a decir cuál es para no echarlo a perder, pero en el momento climático y absolutamente predecible de Un buen año, cinta en cartelera con Russell Crowe (después de dar el viejazo gacho y que sus noches de excesos le pasaron la cuenta), me fue imposible no voltear a mi alrededor y capturar las expresiones de los presentes. A mi lado derecho estaba mi queridísima Annie, exnovia y de mis mejores amigas. Del lado izquierdo estaba una pareja en sus 40s, atrás otra pareja mucho más acaramelada en sus 30s y adelante un grupito de dos chavas y un güey. El punto es que todos cayeron redonditos ante cómo culminaba la trama cursi, y veían con esperanza y hasta un poco de envidia lo que sucedía en la pantalla. ¿Es que nadie ha amado a alguien en esta ciudad?

Las situaciones que presentan las romanticomedias desde que yo era niño son siempre las mismas: Chavo conoce a Chava o viceversa (y también se pueden hacer todas las combinaciones de género que la imaginación permita). Chavo no puede estar con Chava porque Chava es pobre, judía, católica, virgen, fresa, mojigata, puta, etc. Chavo la deja ir cuando Chava le dice que lo ama, pero la vida sin Chava se vuelve insportable para Chavo: al caminar por las calles, al pensar en su cuarto, o simplemente hacer popó, porque todo le recuerda a Chava. Chavo se convence que Chava es la onda y va por ella... pero Chava es muy orgullosa y no perdona fácil, por lo que hace que Chavo ruegue tantito y entonces se besan.

Entonces, ¿por qué son tan exitosas estas películas? Yo creo que son muy pocas las personas que se atreven a amar a esa personita que realmente les mueve el tapete desde adentro, la que toca nuestras fibras más reptilianas y que nos hace irracionales. A esa persona que nos entiende y encanta, pero sobretodo nos apasiona. Ése es exactamente el tipo de relación que ponen en las películas. El chiste es que todos podemos tener nuestra propia historia de amor si nos atrevemos. Tal vez la persona quien nos va a tocar el alma esté en donde menos la esperamos: puede ser la que atiende en el Starbucks, una celebridad que aún no nos presentan o estar sentada a un par de cubículos del lugar donde trabajamos. Lo que definitivamente no ponen en las películas, o por lo menos en la mayoría de las comedias románticas gabachas, es que este tipo de relación, bajita la mano, siempre acaba en un arañazo. Así funciona la pasión.

3 comentarios:

No_es_dificil_mi_nombre dijo...

Yupyyyy! Bienvenido a este mundo de adiccion! Seguro ahora tendras menos tiempo para ir a ver madres con R.C. y la Seniorita Hayek! Y estaras todo miron buscando temas... Asi pasa cuando sucede! pero que chido que si hiciste la tarea y este fue tu fin de hacer tu Blog. Felicidades!Ya te tengo los datos extras pa que lo pongas aun mas coqueto, pero te los paso luego por mail,(el cual le pedire a donia Claudia!)
Mientras un saludo desde la Blogosfera, Maria

coco dijo...

valiente!
vale la pena arriesgarse. mucho.

Unknown dijo...

No estoy tan de acuerdo con el final... No siempre es un arañazo, no siempre termina en una cachetada. Yo ya voy para unos cuantos meses de aventura romántica (una que bien sabes ha sido de lo más aventada) y hasta ahora, no hay razguños... Espero que no lleguen nunca...
Mientras tanto, seguiré por acá como apasionada lectora...
Besitos,
M