sábado, 9 de diciembre de 2006

Del contexto al argumento

Esteban puso sus ojos por primera vez en Carmen una tarde en la que coincidieron en el elevador del corporativo, justo a la hora en que ambos salían de sus oficinas. Desde ese día, poniendo a un lado la racionalidad que caracterizaba su patrón de comportamiento, descubrió que había algo entre ellos. Él le sonrió y ella le preguntó con pena hacia dónde iba, así que él sin importar realmente a dónde iba, le ofreció un aventón. Subieron alegres al automóvil de Esteban embarcándose en el tráfico de la Ciudad de México y en una conversación que duró todo el trayecto. Esteban le confesó a Carmen su fascinación por la memorabilia de la Guerra de las Galaxias y ella sus sueños frustrados de ser bailarina profesional de ballet.

El viaje de regreso de la oficina se convirtió en algo habitual para estos dos capitalinos. Por varias semanas coincidieron sus horarios y compartieron el martirio de cruzar la ciudad para llegar a sus destinos. Pronto Esteban le declaró su amor a Carmen, quien recibió la noticia con alivio y gratitud. Un par de meses después decidieron mudarse juntos y compartir los gastos de un departamento en la colonia Nápoles. Jamás salieron en una cita, por meses no fueron al cine, ni caminaron agarrados de la mano en algún parque como lo hacen cientos de enamorados en esta ciudad. Simplemente los unió la compañía que se hacían al desplazarse por hora y media, del trabajo a sus casas.

En esta historia hay tres personajes principales: Carmen, Esteban y por supuesto, la Ciudad de México, quien sin su valiosa cooperación y caos rutinario, estos enamorados jamás hubieran sido. En este sentido el contexto es más que un puro ambientador. No sólo nos está diciendo el tipo de lugar en el que viven los personajes o su situación socioeconómica; se está convirtiendo en un personaje más cuya participación está afectando el desarrollo mismo de la historia. ¿Qué hubiera pasado si Carmen hubiera tenido a su disposición un sistema de transporte público económico y sobretodo eficiente? No hubiera necesitado pedirle a Esteban un ride para llegar a su casa, y así, las deficiencias y falta de planeación de la urbe más grande del mundo, se convierten en el mejor regalo para dos de sus habitantes.

En este sentido, los más grandes cuenta-historias no sólo han sido muy específicos al ubicar a sus personajes, sino que han integrado a las diferentes metrópolis como un personaje más en sus historias.

Si alguien ha podido lograr esto con contundencia y elegancia es Woody Allen, el eterno enamorado de Nueva York (aunque en estos días le está poniendo el cuerno con Londres) y que logró plasmar en sus cintas ese encanto tan característico que goza la ciudad.

En Annie Hall, distinguida con varios Oscares en 1977 incluyendo mejor película, el personaje principal, Alvy, es un reflejo nítido de muchos rasgos del mismo Allen.: un comediante neurótico, paranoide, con miedo a la muerte y sobretodo a vivir. Alvy representa el estado físico y mental del neoyorquino común, víctima de la agitada vida de una de las capitales con mayor acción en el mundo. Sin embargo, como dijo Doña Cristina Pacheco: “aquí nos tocó vivir” y Alvy acepta todos los costos de hacerlo en Nueva York, cuando su amigo Rob le sugiere mudarse a pastos más verdes como los que crecen bajo el calorcito de Los Ángeles. Ante esto Alvy advierte:

“No quiero vivir en una ciudad cuya única ventaja cultural es la vuelta continua a la derecha”.

Si una urbe puede convertirse en protagonista de una obra, entonces sus habitantes ayudan a moldear lo que será su personalidad. Los que vivimos en las metrópolis somos quienes plasmamos en ellas el humor, el carácter y sobretodo la actitud que las define.

En el Maestro y Margarita la deliciosa novela del poco célebre, pero no menos magnífico, Mijaíl Bulgákov, Satanás llega a Moscú para, prácticamente, voltearla de cabeza. Encarnado en Voland, un profesor de magia negra cuya descripción semeja en una coincidencia fenomenal a David Bowie, sus acciones manifiestan el estado de ánimo de una ciudad en pleno hervor socialista.

Acompañado de Popota, el enorme y sarcástico gato negro, y de su asistente, Koroviev, de aspecto tan inhóspito que podría incomodar a un hippie de Coyoacán, Voland enfrenta en un sin número de situaciones a los habitantes de la ciudad, en especial a la élite cultural, y a través de las cuales pone al descubierto el ambiente de corrupción, avaricia, intolerancia y paranoia que se vivía en la Rusia estalinista.gato negro y Ahora bien, no necesariamente el proceso narrativo tiene que seguir un orden en el que metrópoli se integre a la historia, ya que puede ocurrir lo contrario: que de la urbe se desprenda la historia. Este es el caso del artista conceptual belga Francis Alÿs, que en 1987 escogió a la Ciudad de México como base de operaciones para desarrollar su manifestación artística.

Hace no muchos meses se presentó en el museo de San Ildefonso la exposición “Diez Cuadras Alrededor de mi Estudio” (Walking Distance from the Studio) una serie de instalaciones y obras multimedia desarrolladas a raíz de las caminatas que Alÿs realiza por las calles del Centro Histórico. En una de las piezas más significativas Alÿs plasma con un humor majestuoso la actitud poco comprometida, pero igualmente morbosa, del capitalino común ante una situación de alarma. Acompañado por una cámara Alÿs captura todo su recorrido desde una tienda donde adquiere una pistola hasta el momento en el que es arrestado. Cronometrando los letárgicos 12 minutos que toma la reacción, el artista logra contar una historia que después reactúa en perfecta sincronía con el pietaje original. De esta forma la ciudad no sólo se manifiesta en cada una de las obras de la colección, sino que funge como eje para el desarrollo de las mismas.

Como seres racionales, diariamente nos exponemos a la toma de una serie de decisiones, que por minúsculas e insignificantes que parezcan, pueden tener consecuencias trascendentales en nuestras vidas. Una de estas decisiones es hacer un hogar de la ciudad donde vivimos. Los que han tenido la oportunidad de recorrer hasta el último rincón del mundo tendrán más de un punto de comparación para elegir dónde vivir. Los demás debemos hacer consciente de cómo la metrópoli donde vivimos es culpable de cientos acontecimientos diarios que afectan nuestras historias particulares, y de alguna forma, si ya decidimos vivir ahí, debemos ponernos flojitos, cooperadores y dejarla ser un personaje más de nuestras vidas.

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