Hay una receta en particular que me malviaja de sobremanera, el "caldo Xochitl". Su elaboración es tan simple, como insípido su sabor. Se toma un recipiente con salsa pico de gallo (chiles serranos, jitomate picado y cebolla) y se vierte en una enorme cacerola con agua. Eso es todo y con ese mismo descaro lo sirven. Las opciones que se preparan al momento son en verdad lamentables, en especial la carne asada, que sería una auténtica suela de zapato, claro está, si las suelas de zapato fueran pellejudas.Alguien me preguntó hace poco, "¿qué esperabas por 15 pesos?" y la respuesta es simple: no mucho. Sin embargo, con tan sólo cruzar la calle del edificio de McCann, todas las tardes se pone una seño que vende tacos de guisado. Una auténtica artesana en la selección de ingredientes y la combinación de los mismos para elaborar un menú diferente todos los días, expuesto en un pizarroncito colgado en la barda de la casa donde se pone. Los guisos van desde lo clásico como la tinga, el bisteck con nopal, la longaniza con papas y el huevo revuelto, hasta lo más sofisticado como el chile relleno o las tortitas de espinaca. Cada taco es servido con tres tortillas y una camita de arroz o frijol, por lo que echarse dos es casi una comida completa. Todo este glamour garnachero por tan sólo $5 pesos más que el comedor empresarial. Estos tacos de autor son una delicia y no por nada la cola para pedirlos puede ser de más de 20 personas. Además si de salud se trata, la comida del comedor es elaborada con grandes cantidades de aceite que supera por mucho a la que usa la seño.
Definitivamente este país se caracteriza por sufrir grandes desigualdades en todos los niveles. En este caso, la brecha se invirtió.