Mehdí nació a más 13 mil kilómetros de México, en Irán, lo que probablemente lo puso en conflicto con su amada durante la pasada copa del mundo, cuando los países se enfrentaron en el primer partido del grupo. Después del primer tiempo y estar empatados a un gol, México ganó 3-1, tras las anotaciones de Omar Bravo y de Zinha. No tengo idea cómo lo habrán vivido Luceli y Mehdí, pero lo que si es un hecho, es todo lo que tuvieron que pasar para casarse.
Para llegar a la boda, los papás de Mehdí fueron a la embajada mexicana en Irán, donde cual oficina de gobierno se las hicieron de tos con todos los papeles, trámites, formas y demás burocracias para conseguir la visa. Parece que la presión gabacha para frenar la inmigración de Medio Oriente ya permeó en nuestro país. Finalmente los padres del novio tuvieron que dejar empeñadas las escrituras de sus propiedades en Irán en nuestra embajada, para poder venir. Más de 30 horas de vuelo después llegaron a México y celebraron la unión de su hijo como pocas veces tiene uno oportunidad de presenciar.
La misa fue en realidad una bendición extraña, como me lo explicó Emilia, mi date para la ocasión. Le dijo a mi agnóstico e inculto ser que la diferencia radicaba en que no hubo lectura del evangelio. El cura le pidió a Luceli que le explicara a Mehdí que le daba la bienvenida a "su iglesia, a su Dios y a su familia". Me gustó el detalle, suelo no coincidir ni congeniar mucho con el clero.
Ya en la recepción hubo un buffet de antojitos mexicanos, que no estaban mal pero tampoco increíbles. Durante la cena, el DJ puso ese disco de éxitos de los 90s en jazz que tanto suena ahora. Después de cenar, los novios pasaron a una especie de altar donde los papás de él practicaron una ceremonia, en donde a los recién casados se les espolvoreó azúcar y compartieron diferentes dulces típicos de Irán, para que tengan "un matrimonio dulce". Cuando ya abrieron pista, el DJ mezcló la típica música de boda ("pasamé la botella", caballo dorado, todas las de los animalitos, reggaeton, etc.) con éxitos iraníes. Cuando estos sonaban, los mexicanos en la pista se hacían un poco para atrás y aplaudiendo dejaban a los familires de Mehdí bailar. Reacción extraña siendo que la música era tan exótica como el "Buddha Bar".
El momento que más me conmovió en la noche fue el video que la hermana de Luceli dedicó a los novios. Más allá de ser el típico video de graduación, con imágenes que narran cronológicamente el encuentro de ambos amantes, sobrepuesto a la canción de "te amaré" de Miguel Bosé, logra por completo, y debo decir sorprendentemente, capturar el amor que verdaderamente se vibra entre estas dos personas.
Luceli y Mehdí se conocieron por accidente, tuvieron ondas respectivamente con sus mejores amigos y por azares de la vida, terminaron profundamente enamorados. Se casaron en México en una boda que, con mucho esfuerzo, trataba de ser como las demás bodas: las amigas de la novia corriendo como gallinas sin cabeza al rededor del salón antes del ramo, los novios bailando "You're still the one" de Shania Twain, los colados como yo, tratando de beber gratis. Sin embargo, la boda de Luceli y Mehdí fracasó en su objetivo de ser como las demás. Fue una auténtica celebración del amor entre dos personas y todos los presentes, iraníes, mexicanos y canadienses brindamos por éso. ¡Salud!