miércoles, 8 de abril de 2009

S.O.S.

Este espacio ha sido tomado. Profanado, básicamente. Siento coraje —como la absurda campaña del Partido Verde que hace poco se esparció por diferentes medios— tras el secuestro de mi blog y otras actividades recreativas. Mi cara se ha delineado y los pantalones me quedan grandes. Yo se lo atribuyo a la desaparición de mis frecuentes ingestas alcóholicas y la forma en la que sedaban la rutina. El agotamiento es tal, que llevo más de dos meses tratando de acabar Life & Times of Michael K de Coetzee. Regresó la hipocondría y trajo con ella a las contracturas musculares.

A principios de año fui asaltado por una carga desmesurada de trabajo, que no sólo me ha impedido escribir, tampoco me permite ir al súper o llevar a cabo las actividades más corrientes. Ni siquiera tengo tiempo para sentarme a leer otros blogs. La verdad es que me tomó por sorpresa. Ahora, mi vida es gobernada por jornadas laborales de más de trece horas. Me despierto más temprano y me acuesto más tarde. Mis hábitos han dejado de ser tales y se han convertido en sus antónimos, cualquiera que estos sean. Los extraño. Me extraño.

Lo peor de todo no es lo que estoy dejando de hacer, o el tiempo que paso desempeñando mi trabajo. Lo que está realmente mal, es el fruto de éste. Hay una enorme diferencia entre satisfacer necesidades y crearlas. Después de proyectos maratónicos, de la alienación de los amigos y la privación del sueño, al final del día, el producto de todo ese sacrificio es tan efímero, que lo único que logra es matarnos un poquito.

Siempre me propuse escribir una entrada corta, al menos esta vez lo logré.