domingo, 27 de diciembre de 2009

Los 10 de los '00s

Sin el afán de abuelear, a unos días de que acabe la primera década del nuevo milenio, es imposible no recordar el momento exacto en el que ésta empezó. Yo tenía 22 años, estudiaba economía en la universidad y llevaba poco más de un año con Annie, mi exnovia, con la que duré casi siete años. Fue una temporada en la que el Y2K, y su insulsa amenaza apocalíptica, dominaba todas las conversaciones. El rock sufría una terrible agonía y en mis audífonos, aún conectados a un walkman, sólo se escuchaba Hip-Hop. Pasaba largas temporadas en Seattle —cuna de la escena alternativa, mal llamada grunge—, donde los bares y pubs se veían obligados a vivir de la memoria sonora de épocas pasadas, ya que la ofertas de nuevos y buenos actos era muy limitada. Las grandes transnacionales se habían apropiado de las ondas radiales, programando porquerías de nu-metal y post-grunge como Creed, Limp Bizkit y Candlebox. La nueva década —en lo personal me gusta referirme a ella como la de los "ceros"— llegó y, por fortuna, el rock abrió nuevamente los ojos, después de años de estar en un coma creativo.

Aun cuando hubo un renacimiento de guitarras, pantalones entubados, chamarritas de piel y hasta de los Wayfarers de Ray-Ban, como se puede ver en esta lista, la década se caracterizó por ser muy heterogénea en cuanto a estilos musicales. Los ceros no se definieron por un par de movimientos regionales que dominaron el periodo, sino por muchos y de varios países; además de la inmensa difusión que ahora reciben los artistas a través de Internet y de lo fácil que es escuchar nueva música. A diferencia de otras décadas que tienen un comportamiento cercano a una campana de Gauss, los ceros fluctuaron como un electrocardiograma, lleno de picos y valles. Es así como presento los que fueron para mí, los 10 discos de la década:

10) The Strokes - "Is this it"

La importancia que tuvieron los Strokes en los ceros rebasa por mucho los egos de los cinco músicos que integran la agrupación, y eso que son enormes. Aludiendo a clásicos como Los Stooges o Lou Reed, los neoyorquinos rescataron la esencia desfachatada y fiestera del rock y la incorporaron a las tendencias minimalistas que dictaron en la época. Los Strokes lograron lo que parecía imposible a finales de los noventas. Son probablemente el grupo más emulado y con mayor influencia entre los jóvenes para querer formar una banda. Le devolvieron el glamour a la música, sin sacrificar la diversión. El Is This It es un disco que va al grano, hace su punto y sale sin despedirse. Así de contundente, así de arrogante.

9) Cat Power - "The Greatest"

Sin ser considerado por la crítica como su mejor disco, definitivamente es el más digerible y redondito. Aquí, Chan Marshall cambió las colaboraciones de Eddie Vedder y Dave Grohl, y se rodeó de músicos sureños de soul y blues. En ese sentido, The Greatest es el álbum con el que Marshall regresa a casa, un poco más madura y, sobretodo, más sobria. Hay toda una melancolía detrás que oscila entre la victoria y el bochorno. No es fácil cruzar esa puerta y Cat Power lo hace con singular alegría.


8) Coldplay - "Parachutes"


Cuando se casó mi amigo Ted Sutton, en la recepción bailó con su mujer Yellow. Una selección extraña por llevar, apenas, unas cuantas semanas de ser estrenada en la radio, y que parecía la pieza de un grupo que desaparecería tan rápido como llegó. Sin embargo Parachutes era un buen disco, nostálgico y noble. Pronto descubrí que era el compañero ideal para un viaje en carretera; con el talento de arrullar y cobijar a la mujer de la que estás enamorado, seduciéndola para que recargue su cabeza en ti y dejándose llevar por el momento. Teddy fue un visionario, nadie hubiera dado dos pesos por Coldplay en su boda, ni mucho menos imaginado que sería el grupo que más rápido se convertiría en U2 de la historia.

7) Death Cab for Cutie - "Transatlanticism"

Como tendencia entiendo perfecto al indie. Productores y compañías independientes que utilizan sus propios recursos para realizar proyectos. Sin embargo, como género musical su definición es mucho más ambigua, al igual que lo era el alternativo en los noventas. De los grupos que se desprenden de esta corriente, Death Cab for Cutie es de los pocos que sobrevivirán en los próximos diez años, gracias a una alineación sólida: la producción meticulosa de Chris Walla (también guitarrista); el rigor del bajo de Nick Harmer; Jason McGerr es el baterista que les hacía falta; y el carisma, humor y dirección de Ben Gibbard. Transatlanticism es esencialmente el último álbum "indie" del grupo, y con el que después lograron un lucrativo contrato con Atlantic Records, sin sacrificar su integridad musical. Pero, si ya no están con una disquera independiente, ¿a qué genero pertenecen ahora?

6) OutKast - "Stankonia"

En un momento en el que toda la oferta de música era irrelevante, la escena del "rap" empezó a crecer y a lograr la atención de todo el mundo. Mitigando la rivalidad entre el Este y el Oeste —que ya le había costado la vida a dos de sus principales exponentes, 2Pac y Biggie—, se gestó un nuevo Hip-Hop, más sofisticado e inteligente. En el año 2000 el dueto de Atlanta lanza un álbum musicalmente ambicioso. Stankonia es un lugar donde el funk florece de todos partes y las rimas fluyen como ríos. Es raro ver que personajes tan disímiles como lo son André 3000 (con una tendencia a experimentar con todo tipo de sonidos y secuencias) y Big Boi (un rapero clásico cuyo talento descansa principalmente en su capacidad lírica) se consoliden en semejante fuerza creativa.

5) Radiohead - "In Rainbows"

La verdad es que nunca entendí lo que le pasó a Radiohead después de OK Computer —para mi gusto, el mejor álbum que han hecho—, al grado que perdí total interés en el grupo. Entre su aversión al éxito y ese deseo vehemente por hacer cosas completamente diferentes a las que les había dado de comer, Kid A y Amnesiac —aunque vanguardistas y virtuosos— eran discos se sentían lejanos. In Rainbows logra una reconciliación con el pasado, sin ser retro o vacío de nuevas ideas; además de lo que todos ya sabemos y la forma en la que reinventó la comercialización musical. Pero más allá de su valor histórico, In Rainbows es un auténtico placer para escuchar de principio a fin.

4) The Shins - "Chutes too narrow"


Natalie Portman se equivocó. Los Shins no cambiaron, ni cambiarán, la vida de nadie. Esta declaración, que apareció en una escena de la película Garden State, es uno de los peores estigmas con los que el grupo de Albuquerque tendrá que lidiar. No obstante, sus tres discos son dignos de escucharse, porque son muy buenos discos. Chutes Too Narrow es quizás el más emblemático, en el que no existían mayores pretensiones que las de hacer música fresca y buena onda. Desde el guitarrazo con el que abre la primera canción (Kissing The Lipless), el álbum es un paseo a pie, con una buena plática y la ocasional parada para tomar un latte.

3) The Postal Service - "Give Up"

Si algo caracterizó esta década fue el cambio de formato y la portabilidad que implica ahora el mp3, la masificación del iPod y la parafernalia que gira a su alrededor. Sí, la música se transformó para siempre e In Rainbows es el mejor ejemplo de ello. Pero no hay nada como quitarle el celofán a un disco nuevo, hojear el librillo y dejarlo reproducir completo en el aparato de sonido. Give Up, une lo mejor de los dos mundos. Es un disco que concilia al indie con la electrónica, los beats con los riffs, la voz con las secuencias, lo digital con lo análogo; incluso en su proceso creativo —Jimmy Tamborello le mandaba las pistas en formatos digitales a Ben Gibbard a través del correo tradicional, para que a su vez, él le pusiera la voz y las arreglara—.

2) Arcade Fire - "Funeral"


Hay tanto que decir sobre este disco, que realmente merecería tener su propia entrada. Arcade Fire es un conjunto que hace música por el amor a la misma. Cada pieza es un himno en sí misma. Cada sonido está ahí por una razón y se funde con el resto. Es el disco perfecto para escucharlo en una sentada. Conmueve, emociona y revoluciona. Es, paradójicamente, como nada que se ha escuchado, y al mismo tiempo evoca todo tipo de influencias. Hace muchos años, en alguna reunión familiar que se convirtió en una sesión para escuchar música, mi primo Ricardo se acercó para preguntarme: "Primo, a ti ¿qué te toca el alma?", mientras me ofrecía un estuche lleno de discos. Si hubiera existido Arcade Fire en ese momento, habrían sido mi primera opción.

1) Damien Rice - "O"

Esporádicamente llegan discos a nuestras vidas con la fuerza y precisión de una aguja de tatuar. O es la banda sonora de mi década. Cada canción jugó un papel y acompañó algún momento. Por la forma en la que instrumenta cada corte —de lo íntimo de una guitarra, pasando por el carácter de un cuarteto de cuerdas, hasta la experimentación de copas de vino borrachas chocando—; por la honestidad de las palabras en las letras; por la pericia para producir todo tipo de emociones, Damien Rice creó algo muy parecido a una obra maestra.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Nostalgia de domingo entre semana

A pesar de sus aires apocalípticos, de esa sensación de que sólo le quedan unas cuantas horas al fin de semana —24, para ser exactos—, el domingo es definitivamente mi día favorito. Es el único de toda la semana en el que se vive una paz que no comparte con ninguno de sus seis compañeros. Hay un contraste maravilloso entre las calles vacías y el movimiento que inunda a las plazas, parques, restaurantes o salas cinematográficas. Es como si existiera un Departamento de la Buena Onda que limpiara, con un camión gigante, a toda esa gente que normalmente abruma las vialidades, y purificara el aire de los claxonazos y las mentadas. Los recorridos tardan sólo el tiempo que deberían tomar, y las distancias cobran sus dimensiones reales. El tiempo se calcula con mayor precisión y volvemos a ser dueños del nuestro. Es un día, como diría mi querido amigo Evelio, para "ejercer la voluntad", en el que da gusto cruzar la ciudad para ver a la familia, o de no quitarse la pijama en lo absoluto, con esa desidia que despiertan las jornadas deportivas. Es el día perfecto para depositarle toda nuestra energía a levantar una cerveza en frente de la televisión, o para desplazarse en dos ruedas. El 'paseo' se redime y desempolva como idea, porque el traslado de un lugar a otro deja de ser una obligación, y tiene como único fin llevarnos a donde queremos ir.

El tiempo no parece transcurrir en domingo. Es condescendiente. La gente no tiene prisa, ni de despertar, ni de llegar. Es el día en el que nos permitimos todo tipo de indulgencias, desde gastronómicas, hasta etílicas —cómo rehusarse a un mezcalito para cerrar la semana—. Es la ocasión ideal para salir a desayunar hotcakes y ponerles mucha miel; para sacar a pasear a nuestras mascotas o, para adoptar alguna. El domingo se lleva bien con las coincidencias y las sorpresas, como cuando una insignificante ida al súper puede resultar —tras un espontáneo desvío por café— en un encuentro con un muy querido amigo y su familia, después de mucho tiempo de no verlo.

Pero es imposible; no se puede ignorar su terrible presagio. Con el pasar de cada hora resuena con mayor fuerza ese sentimiento fatídico, ese recordatorio de que todo está en constante equilibrio, y de que "es demasiado bueno para ser verdad": la inminente llegada del lunes. Es posible que por esta misma razón, —la impotencia y resignación de saber que el fin está cerca—, por la que nos damos permiso de hacer lo que sea. Puede ser, entonces, que el domingo sea, en sí, la mayor enseñanza de vida. ¿Qué pasaría si viviéramos todos los días como vivimos los domingos? Tal vez le sacaríamos un poquito más de jugo a la rutina. A diferencia de lo que piensa el señor Morrisey, ojalá que todos los días fueran domingo.