Hoy tuve uno de esos episodios, aunque claro, para variar me lo busqué. Hay gente que paga por que lo asusten en el cine. Ese masoquismo colectivo que ha hecho millonarios a Freddy Krueger, a Jason, al niño que ve muertos, a la bruja de Blair, al exorcista y a Al Gore. Yo, en particular odio las películas de terror, y en cambio, pago mucho más dinero a mi psicóloga para experimentar revelaciones brutales.La situación ocurrió más o menos así. Mi terapeuta tocó un nerviecillo álgido en mi psique. Es como cuando un doctor regular checa tus reflejos y te da un golpecito en la rótula de la rodilla con un martillo. La pierna se dispara violentamente, ante el contacto que hubo con la terminal nerviosa. Igualmente mi cerebro reaccionó en protesta ante las palabras de la doctora, y desembocó un cansancio repentino que no me permitía escuchar con atención lo que la doctora trataba de decir y en cambio, me hacía luchar porque mis ojos permanecieran abiertos. Un mecanismo de defensa digno para desarrollar un episodio de Hitchcock.
Sin embargo lo más extraño pasó después, cuando en la plática salió una idea de conocerse a sí mismo. Hasta hoy pensé que sabía quién era. Pues resulta que algunas personas tienen perfectamente identificado el cómo quieren ser, aunque no necesariamente coincide con quien realmente son. Muchas veces desarrollamos nuestra personalidad basándonos más bien, en quien no queremos ser. Hay un ejemplo muy sencillo. Cuando las mamás tienen frío, no importa que la temperatura real sea de 35 grados, ella le pone el sweater al niño. O como el voto útil que hizo que ganara Fox, "no me importa quien gane pero que no gane el PRI", con la personalidad es lo mismo, "no me importa quién soy, pero no quiero ser tal..."
El punto es que después de tener esta reflexión, por unos cuantos segundos me quedé vacío, con una momentánea amnesia que me dejó sin identidad. Cientos de pensamientos iban y regresaban en mi pobre cabeza desolada. Tantos años de defender algo que no existe. De construir un personaje y hacerlo vivir cosas que nunca sucedieron. Una imagen falsa y un ente totalmente nuevo que descubrir. La psicóloga rápidamente intervino recordándome la esencia de mi ser, pero lo más importante fue enseñarme que cuando haga recorridos turísticos por mi personalidad, tengo que distinguir la máscara de quien uno es en realidad. Me saqué de pedo.

