miércoles, 25 de abril de 2007

¡Ay nanita!

Puedo vivir perfectamente con las cosas que nos mueven, que nos entristecen, que nos sorprenden y que nos alarman. Pero hay algunas cosas que simple y sencillamente me sacan de pedo. Esa sensación "dimensión-desconocidezca", como que te desconectaron del Matrix, que cambió tu realidad, en un sentido puramente existencialista que no somos nada o, como dijo Mafalda: "paren la Tierra, que me quiero bajar". Con esas cosas tengo problema.

Hoy tuve uno de esos episodios, aunque claro, para variar me lo busqué. Hay gente que paga por que lo asusten en el cine. Ese masoquismo colectivo que ha hecho millonarios a Freddy Krueger, a Jason, al niño que ve muertos, a la bruja de Blair, al exorcista y a Al Gore. Yo, en particular odio las películas de terror, y en cambio, pago mucho más dinero a mi psicóloga para experimentar revelaciones brutales.

La situación ocurrió más o menos así. Mi terapeuta tocó un nerviecillo álgido en mi psique. Es como cuando un doctor regular checa tus reflejos y te da un golpecito en la rótula de la rodilla con un martillo. La pierna se dispara violentamente, ante el contacto que hubo con la terminal nerviosa. Igualmente mi cerebro reaccionó en protesta ante las palabras de la doctora, y desembocó un cansancio repentino que no me permitía escuchar con atención lo que la doctora trataba de decir y en cambio, me hacía luchar porque mis ojos permanecieran abiertos. Un mecanismo de defensa digno para desarrollar un episodio de Hitchcock.

Sin embargo lo más extraño pasó después, cuando en la plática salió una idea de conocerse a sí mismo. Hasta hoy pensé que sabía quién era. Pues resulta que algunas personas tienen perfectamente identificado el cómo quieren ser, aunque no necesariamente coincide con quien realmente son. Muchas veces desarrollamos nuestra personalidad basándonos más bien, en quien no queremos ser. Hay un ejemplo muy sencillo. Cuando las mamás tienen frío, no importa que la temperatura real sea de 35 grados, ella le pone el sweater al niño. O como el voto útil que hizo que ganara Fox, "no me importa quien gane pero que no gane el PRI", con la personalidad es lo mismo, "no me importa quién soy, pero no quiero ser tal..."

El punto es que después de tener esta reflexión, por unos cuantos segundos me quedé vacío, con una momentánea amnesia que me dejó sin identidad. Cientos de pensamientos iban y regresaban en mi pobre cabeza desolada. Tantos años de defender algo que no existe. De construir un personaje y hacerlo vivir cosas que nunca sucedieron. Una imagen falsa y un ente totalmente nuevo que descubrir. La psicóloga rápidamente intervino recordándome la esencia de mi ser, pero lo más importante fue enseñarme que cuando haga recorridos turísticos por mi personalidad, tengo que distinguir la máscara de quien uno es en realidad. Me saqué de pedo.

martes, 10 de abril de 2007

La ironía según la Maestra Morissette

En algún momento escuché en una rutina de stand-up, a un comediante destrozar cada uno de los ejemplos que Alanis Morissette cita en su canción "Ironic", para describir lo que es en sí la ironía. Al recorrer los fallidos ejemplos entre los que sobresalen las "10 mil cucharas cuando lo único que necesitas es un cuchillo" o "el buen consejo que nada más no tomaste" uno no puede dejar de sentir una cierta penita ajena por Alanis. Las diferentes viñetas a lo largo de toda su canción más que situaciones irónicas apenas y logran narrar episodios de mala suerte. Incluso el tema ya se puede buscar como tal en la tan útil Wikipedia. Lo verdaderamente irónico del asunto es el hecho de tratar de componer una canción para ejemplificar lo que es la ironía sin lograrlo. Su meta era ambiciosa y no por nada le costó un trabajo a Wynona Ryder en Reality Bites cuando no pudo darle a un editor una definición verbal de ironía.

Hoy, sin embargo, justo al salir del consultorio de mi gastroenterólogo, entendí a Alanis y lo que su cabecita de 21 años trató de decirle al mundo en 1996.

Al escribir esta entrega de blog, estoy a escasas 24 horas de alcanzar oficialmente el fin de mi juventud. Sinceramente nunca he creído eso de que la juventud está en la mente, no cuando se me cae el pelo y tengo que visitar un gastroenterólogo. He dejado de ser joven y tengo que aceptarlo. Suelo no ser muy celebrativo al acercarse mi cumpleaños, pero después de una semana santa de beber cual adolescente pensé, ¿por qué no? Mi cuerpo de todas formas no me seguirá el paso por mucho más cumpleaños de excesos. Así que decidí hacer un festejo por cada década vivida. Por ahí del domingo estaba realmente emocionado con esta idea, hasta el grado de dejarlo plasmado en algún momento del texto que escribí para la invitación electrónica y que decía lo siguiente:

"La buena noticia es que el alcohol es un estupefaciente legal en este país, por lo que los invito a que olvidemos juntos todas mis expectativas no cumplidas. Una sola fecha no era suficiente para celebrar dicha ocasión, por lo que la fiesta correrá a lo largo de tres fines de semana..."

Un bar, la tocada de mi nuevo grupo favorito y una fiesta alrededor de una alberca serán las sedes para alojar mi deseo de celebración etílica. Frustrado por completo después de mi visita de hoy con el gastro, quien diagnosticó que esa molestia que me venía aquejando desde hace ya tres semanas, se trataba de un cuadro de esofagitis y reflujo, por lo que debería de guardar una dieta muy estricta y por supuesto, no beber ni una sola copa. En términos coloquiales, los ácidos de mi estómago, están escapando de las paredes del mismo, para subir por el esófago y quemarlo a su paso.

Ésa es exactamente la experiencia que quiso atrapar y transmitir Alanis en su canción. Ése es el sentimiento que te hace creer que los planetas se han alineado para frustrar tus planes. Que el mundo está en tu contra y que te sientes tan pendejo como vulnerable. Pero no deja de ser puritita mala suerte, no una ironía y lo único que nos queda por decir, es lo que me dijo alguien a quien quiero mucho hoy cuando le conté: "ay dio".