A lo largo y ancho de la cultura popular hay un nombre propio que es, probablemente, de los más influyentes de entre todos sus colegas denominadores. Tiene tan sólo cuatro letras, pero cada vez que se pronuncia está cargado de un cierto brío y respeto implícito. Hacer un poco de memoria es suficiente para encontrar a un "Jack" célebre (vivo o muerto, real o ficticio) en prácticamente todas las disciplinas. En el cine Jack Nicholson, Jack Rollins (el productor de cabecera de Woody Allen), Jack Warner (fundador de la Warner Brothers) y Jack Skellington (entrañable personaje de Burton); en la música Jack White y Jack Johnson (que no me da pena reconocer que me cae bien y me gusta lo que hace); en la literatura Jack Kerouac y Jack London; en el arte contemporáneo Jackson Pollock; asesinos famosos como Jack The Ripper y Jack Kevorkian (el padrino de las muertes asistidas); en los deportes Jack Sikma (que ayudó a mis desaparecidos Supersonics a conseguir su único título en el '79); en la televisión Jack Bauer, Samurai Jack y Jack Handey (autor de los Deep Thoughts en Saturday Night Live); y hasta en los licores Jack Daniel.Sin embargo, a pesar de su nombre y de una carrera de gran éxito, hay un Jack que no suele recibir muchos elogios. Su nombre no es sinónimo de grandeza ni de vanguardia, sino más bien se asocia a lo burdo y lo insustancial. Incluso, hubo un momento en el que dudé si debía o no dedicarle toda una entrada en este blog, y es que de pura casualidad y por diferentes motivos, en las últimas semanas he encontrado algo muy agradable en el trabajo de Jack Black.
Hace un poco más de un mes fui con un grupo de amigos a ver Be Kind Rewind de Michel Gondry, una película que, por un lado, hace un homenaje al cine meramente de entretenimiento, y por otro, critica la sobreprotección y explotación de los derechos de autor. Al salir de la sala, los cuatro estábamos divididos en partes iguales sobre el veredicto: a Lucía y Mema les había parecido "equis" —que no me extrañó en lo más mínimo, ya que ambos se jactan de ser críticos implacables—, mientras que a Evelio y a mí nos había gustado mucho. Definitivamente, una de las particularidades que más disfruté de la cinta, además de la precisa dirección de Gondry, fue la mancuerna que forman los protagonistas. En el mundo del Hip-Hop, la autoridad de Mos Def es indiscutible. Es uno de los artistas más sólidos e innovadores en el género. En Be Kind Rewind logra una actuación notable, y mucho se debe a la química que tiene en pantalla con su coestelar, Jack Black, que a su vez se desenvuelve como un actor experimentado, sin perder su bufona personalidad, misma que le ha dado de comer bastante bien en los últimos años.
En el 2004 Noah Baumbach escribió junto con Wes Anderson The Life Aquatic with Steve Zissou y el siguiente año dirigió y escribió The Squid and the Whale. Ambas películas tienen guiones y tonos muy diferentes, pero comparten un cierto toque agridulce que las hace igual de entrañables. Hace un par de semanas, navegando por el IMDB (Internet Movie Data Base), encontré que después de Squid & The Whale, Baumbach había hecho otra película y, coincidentemente, la miré de reojo en el muro de "estrenos" durante mi última visita al Blockbuster. Siendo entusiasta de sus entregas anteriores, no lo pensé dos veces y salí corriendo a rentar Margot at the Wedding. Es una película difícil —sin contar que la vi al mediodía y que las cortinas de manta de mi departamento permiten que la luz entre con libertad, provocando un reflejo insoportable en la superficie de la televisión—, con diálogos inconexos y secuencias que entran de golpe sin un establecimiento previo. Pero la pura presencia de Nicole Kidman (con su felino e inexpresivo rostro después de varias sesiones de botox) en el rol principal, hizo mi experiencia completamente agotadora. La odio. No sé qué fue de esa criatura celestial, de rizada cabellera bermellón, que dominaba la pantalla en Dead Calm (1988). Hoy en día, Kidman tiene que ser una de las actrices más sobrevaloradas de la industria. En cambio, la pequeña participación que tiene Jack Black en la película es conmovedora y genuina. Hay una escena en particular que me sorprendió mucho, donde su personaje tiene que llorar en un arranque histérico, suplicando a su pareja (Jennifer Jason Leigh) por una segunda oportunidad.Haciendo un recorrido por el resto de su filmografía desde School of Rock, hasta Kung Fu Panda, pasando por Nacho Libre y su proyecto de chiste-rock, Tenacious D —con quien ha grabado cuatro discos y sí, son bastante chistosos— probablemente Jack Black nunca gane un Oscar, ni reciba mayor distinción. Pero finalmente es un tipo creativo, naturalmente bonachón, con buen tino para elegir guiones. Su trabajo puede no gustar, pero nunca decepciona. Jack Black nos recuerda que la grandeza no necesariamente se obtiene por un legado de obras extraordinarias, por romper paradigmas o violentar convenciones. La grandeza se puede lograr haciendo bien lo que te gusta, sin importar que a los demás no.
3 comentarios:
Otro ejemplo de una película protagonizada por Jack Black, poco comprendida y mal recibida en general (especialmente en México) es Nacho Libre de Jared Hess. Es una película bien hecha en todos los sentidos, pero tal como lo dices, para mucha gente el nombre de Jack Black es suficiente para desdeñar una obra fílmica.
A mí me parece un tipo muy talentoso en lo que hace y ya quisiéramos muchos poder hacer lo que nos gusta y divertirnos tanto mientras lo hacemos como él.
Muy buena película, me gustó. Para mí fue de esas buenas sorpresas que te ponen de repente en el avión...
A mí no me gustó Be kind rewind, creo que esperaba un poco más, sólo un poco más.
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