jueves, 7 de agosto de 2008

La ecología de la inspiración

Todo buen ambientalista sabe que talar árboles no es malo. Los seres humanos nos hemos acostumbrado al uso de la madera para un sin fin de prácticas (mis pisos de duela, por ejemplo) y que difícilmente pueden ser sustituidos por otras materias primas. Aquellos individuos que se atan a los árboles con consignas hippies no son ambientalistas, son precisamente eso: hippies. El daño ecológico de cortar un árbol no es en sí producido por el hecho de tirarlo, sino por la velocidad a la que se hace; y con esto no me refiero a que debemos de hacer concursos para serruchar bosques despacito. Todos los insumos renovables tienen una tasa natural de reproducción, que si se calcula y se respeta con exactitud, se pueden consumir sustentablemente, sin alterar su biodiversidad, regeneración y vitalidad, tanto hoy, como en los años venideros. El gran problema de la deforestación es la tala ilegal que no toma en cuenta estas velocidades de renovación, y por consiguiente, por la falta de políticas y leyes que persigan a los infractores.

Hace unos días me di cuenta que el cuaderno que cargo a todas partes para escribir diferentes ideas aisladas (no porque sean significativas, sino para que no se me olviden por aquello del déficit de atención), también tiene su propia tasa de uso y desuso. Por alguna razón que desconozco mis cuadernos y libros sufren de una cierta erosión al ser transportados en una mochila (sin importar cual sea ésta). Las pastas se empiezan a resquebrajar, doblar y de alguna forma a marchitar. Las letras impresas en ambas caras se difuminan y se pierden en los fondos. Los lomos se desprenden y terminan por liberar las páginas que antes sujetaban. En fin, parece que en lugar de llevarlos con uno de paseo, los estuviera mandando a la guerra. Obviamente mientras más tiempo pasen lejos del librero, peor termina siendo su condición física.

El punto es que había pasado ya tiempo desde que sacaba dicho cuadernillo para apuntar algo, y es que en las últimas semanas he estado en particular inspirado. Así fue como descubrí que la tasa natural de mi generación de ideas estaba muy por debajo de la tasa de desgaste por transportación permanente de mi libreta, por lo que a ese paso, no completaría su vida útil. Esto quiere decir que mi sequía emocional estaba contribuyendo al rápido deterioro del cuaderno, que a su vez está hecho principalmente de papel, y hasta donde entiendo, ésta se elabora con pulpa de los árboles.

Si mi teoría no falla, el amor es autosustentable y mi cuaderno regresará a su mochila.

Ilustraciones: Ben Wilson
www.benwilsonart.com

6 comentarios:

Gabriela/undies dijo...

Sequía emocional eh, yo sé de eso, pero lo mío ya es algo más parecido al peregrinaje de 40 años en el desierto.

ECM dijo...

Mis cuadernos también se están secando!

Cuando viajo en metro saco el cuadernito para dibujar gente o echarme un haiku veloz.

Pero cuando llega un buen libro o un buen disco al cual hay que ponerle atención, dejo de sacar el cuadernito.

Ahora con iPhone la cosa se pone peor: puedo escribir directo al teléfono y ver podcasts, es el demonio!!

Creo que pasa lo mismo que con los mp3's y los discos: ya no voy a necesitar el cuadernito on the go...

Recomniendo los Moleskines, no sólo porque son trendy como tú y tu piso de duela, sino porque la piel que los cubre verdaderamente resiste uso rudo en mochila.

abrazos, espero que aún tengas a Lalito dibujado en tu cuaderno...

Javier Manzanera dijo...

Maldita sea, mi cuaderno lleva sepultado en la mochila meses, y cada vez que lo veo ahí para sacar mi libro, me siento como la peor figura paternal para el pobrecillo, porque pienso "¿Para qué sigo trayéndolo si ya nunca lo saco y sólo se está perjudicando?" Pero ahí sigue a pesar de la sequía...

Gossip Boy dijo...

Mi cuaderno sigue ahí y sigue lleno, pero es que yo lo uso más que nada para dibujar, dibujar me desestresa y me hace poner más atención a las cosas, nunca entenderé por qué? Pero bueno la sequíua dibujal en mi mochila no existe y mi cuaderno se ve rebosante y azul, más que nada azul porque de ese color es su portada

Ale Guerrero dijo...

Yo no tengo sequía emocional, tengo sequía de expresión y es que no me salen las palabras, que pocas tengo, para seguir escribiendo en mi blog todo lo que quisiera contar.........

Mu dijo...

Yo no tengo un cuadernoárbol pero tengo una de ramitas revueltas en mi cabeza...