Para mi octavo cumpleaños en 1985, al igual que todos los años, mis papás me preguntaron qué quería de regalo. Fue la primera vez que no escogí un juguete de los que anunciaba Chabelo los domingos en la mañana; en cambio ese año pedí un disco, el Make it Big de Wham!, un dueto inglés conformado por George Michael y otro tipo que hoy nadie recuerda. El día que recibí lo que en mis manos era un enorme acetato, y puse la aguja justo en la rayita correspondiente para que sonara Wake me up before you go go, independientemente de lo bizarro de la selección, fue cuando empezó mi melomanía. Se había acabado la era de Parchis, Timbiriche, Burbujas y El Duende Bubulín, para dar paso a la música pop y un fanatismo absoluto por los Hombres G, Madonna (a quien desprecio hoy en día) y Mecano, de quienes compré varios viniles.El cambio de formato y la masificación del cassette me agarró en un viaje que hice con mis papás a Nueva York, donde me llevé un Walkman y me clavé por primera vez en el Hip-Hop. Compré cintas de Run DMC, Young MC y Digital Underground y las escuchaba mientras mi mamá nos paseaba a mi hermana y a mí por las calles de esta ciudad. Cuando por fin llegó el CD, porque a mi casa llegó tarde, yo ya estaba inmerso en Guns N' Roses y bandas aledañas de la escena glam de esa época. Sin embargo, aún cuando los géneros van y vienen, lo que ha permanecido a lo largo de mis 31 años, es que siempre que he tenido un excedente de dinero, voy a gastarlo a una tienda de discos. Desde la tan desaparecida como legendaria Zorba en Perisur, hasta la siempre certera Amazon en Internet, la experiencia de poseer un álbum nuevo me es en extremo placentera.
Por casi 20 años, varios formatos como el MiniDisc y el DCC (Digital Compact Cassette) trataron de amedrentar al siempre noble Disco Compacto. Todos sin éxito hasta hoy, cuando su latente sucesor trasgredió la barrera de lo físico. Es como un ninja, virtual y sigiloso, que golpea cuando nadie se lo espera, sin dejar huella de sus pasos, y es que con el lanzamiento de la tienda de iTunes, las ventas de CDs se colapsaron. Ciertamente el desarrollo del mp3, el mp4 y su difusión vía Internet tuvieron un fuerte impacto sobre la industria discográfica en general, obligándola a replantear sus prácticas, estrategias, costos y políticas. Sin embargo con iTunes, quienes aún contamos con un poco de conciencia moral sobre los derechos de autor, tenemos una opción legal de bajar música a un precio moderado. Sólo basta comprar o mandar pedir una tarjeta prepagada en una tienda de Apple en el gabacho y listo.He de confesar que al principio me emocionaron mucho mis primeras compras en la tienda virtual, ya que se trataron principalmente de rarezas y versiones exclusivas que no son fáciles de encontrar en otros lugares. Sin embargo, pronto me di cuenta que comprar un mp3 es como el chorizo de pavo, las galletas sin azúcar o cualquiera de las "opciones saludables" que nos ofrecen a las personas que hemos tenido que seguir una dieta; nada más no sabe igual que el original. Hay algo demasiado etéreo en la adquisición de archivos digitales. Se pierde la sensación de abrir un disco, de ver todo el trabajo de diseño que hay en él, de hojear el librito con anticipación antes de que empiece a sonar la primer pista, en fin, todo el ritual que me ha acompañado desde que era un preadolescente.
La verdad es que no tengo nada en contra del formato. Es vital para el funcionamiento del iPod, artefacto que que me dio la libertad de cargar a todas partes mi discografía, y en pocas palabras, la oportunidad de ser muy feliz a donde quiera que vaya. Tampoco estoy en contra de la difusión de estos archivos en Internet y mucho menos de la tan sonada tienda en línea. Nunca antes habíamos tenido la oportunidad, como especie, de tener tantas opciones musicales, tan variadas y tan cerca. Incluso los grupos están obligados a hacer mejores discos completos, porque ahora los consumidores tienen la oportunidad de comprar una sola canción. Poco a poco los tracks de relleno morirán o simplemente no se venderán. Además el control, creativo y económico, está regresando a las manos de los artistas, quienes nunca debieron perderlo en primer lugar.Ni modo. Supongo que también me tendré que acostumbrar al chorizo de pavo.
5 comentarios:
Completamente de acuerdo, ir a alguna tienda de discos y perder un par de horas ahí es hasta terapéutico para mi, desde comprarlo, abrirlo, hojear el booklet y meterte al tráfico para revisar los tracks que trae... Ni hablar, al parecer, o almenos acá en EU (de donde escribo ahorita, no radico) la tendencia es desaparecer los virgins y eso en verdad me duele porque esas tiendas son divertidísimas
ni modo, mano... things they are a-changing.
por cierto, ayer compré tres discos, creo que es una compulsión que nunca se me va a quitar, por más mp3 que baje.
abrazos, cariño y rocanrol.
hace como 1 año o más que no compro un disco, creo que yo soy de los que se unen a la ever growing lista de: cd´s are done for!
¡Y el olor! ¡El olor que expide el librito del disco! Eso es lo mejor de la experiencia.
Lo malo del sistema de la canción solita es que poco a poco se dejan de hacer discos para oírse completos.
Aunque bueno, chance cada vez hay menos tiempo libre para oír un disco completo.
Chorizo de pavo o galletas sin azucar, la verdad esque a mi nunca me ha gustado a hacer dieta, y me encanta comer bien, yo seguiré comprando discos, para oler al abrir el librito..... yeah!
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