Los últimos años han caracterizado al rock mexicano por un sin fin de fiascos e imitaciones baratas. La oferta musical reciente no podría ser descrita mejor que con el bonito término que nos regaló la Cámara Nacional del Cine, en los comerciales que anteceden las películas: “pidata”. Con la explosión que ha tenido Internet y lo fácil que es descubrir nueva música, los plagiarios nacionales tienen un catálogo entero que fusilar al alcance de su mano. Con cada grupo que aparece en las ondas radiales, pueden identificarse con facilidad sus "influencias" o a quién están copiando. Desde los Dynamite que hacen una terrible parodia de los Strokes y los Editors, hasta los infumables Bunkers —aunque son originarios de Chile, ya se mudaron a nuestro país— que copian hasta el último elemento de las canciones de Franz Ferdinand.Pero no todo está perdido. Ante nuestra lúgubre realidad, "región 4" y conformista, han aparecido diferentes actos que le dan, apenas, un suspirito de esperanza a la poco original escena musical. Entre ellos destaca el conjunto capitalino Furland, que en diciembre estrenó su segundo álbum, Historia de la Luz. Escuché el primer sencillo del disco, 'Quiero ser un color', en Radio Ibero una mañana cuando manejaba a mi trabajo. Una vez en el estacionamiento, no me bajé del coche hasta que acabó la canción y, cuando pasó, quedé gratamente impresionado. Unos días después, Ricardo, baterista del grupo, me invitó a una presentación que darían en un pequeño bar de la Condesa, el Tokyo Pop. Tenía mucha curiosidad de escuchar el resto del disco, así que me dí una vuelta, libre de expectativas. En este tipo de shows la gente suele poner más atención al barman, que a las piezas que se interpretan en el escenario, pero aquel viernes fue diferente. Furland tocó para apenas unas cuantas personas, pero lo hicieron con la entrega y, sobretodo, la pericia de un grupo sólido y experimentado, seduciendo a cada uno de los que estábamos ahí, a pesar del tamaño del lugar y su pésima arquitectura. Historia de la Luz es una producción buena onda —a cargo de Emmanuel del Real de Café Tacuba—, con un sonido que no remite a ningún grupo en específico, pero que al mismo tiempo, podría ser la obra de cualquier banda grande.
Sin duda la actuación de Furland, y las piezas que componen Historia de la Luz, fueron un alivio este fin de año y fin de década; un destello que aclara el camino por el que las bandas en México deben atreverse a pasar, mientras el resto de nosotros gritamos: “sí se puede, sí se puede”.

4 comentarios:
Lo compré, lo escuché, y lo único que encontré fue refritos muy iletrados de los Beatles.
Gracias por la pista.
La historia completita del rock mexicano esta plagada de plagios y copias baratas, desde los covers de los teen tops, pasando por Caifanes y su look the curesco, Maná y su musica copiada de The Police, e incluso Zoé y su sonido brit popero.
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