Ante la falta de alternativas, hace unos días fui con mi amiga Leticia a ver Charlie Bartlett, una película muy rara y pretenciosa que sólo estuvo una semana en el cine. Entramos porque salía Robert Downy Jr., sin embargo el protagonista era Anton Yelchin, un chamaquito infumable al que quieres que le vaya mal durante todo el desarrollo de la trama. Es sobreactuado, cursi y tiene una vocecita que provoca el mismo efecto que te hagan un piercing en el cerebelo. En sí la película trata de un estudiante rico y edípico, que es tan avispado y carismático, que no tiene ni un sólo amigo y lo expulsan de todas las escuelas privadas. Es así como llega a una institución pública, con todos los clichés que eso conlleva: las porristas, los bullies, los nerds y los desadaptados suicidas. Como es de esperarse, el nuevo chico pijo es detestado por sus compañeros (y el espectador de paso) por venir de una escuela más fresa. Es ahí cuando decide empezar a venderle a los demás estudiantes los antidepresivos que a él le recetan, con la esperanza de caerles mejor. Nadie hace amigos como Prozac y Charlie se convierte rápidamente en el más popular de la escuela, ofreciendo no sólo medicamentos controlados, sino psicoterapia dentro de los cubículos del baño de hombres. Robert Downey Jr. interpreta al director de la escuela, el maestro incansable de historia venido a menos por la aplanadora burocrática de sueños que representa su puesto actual. Es el encargado de encausar a Charlie por el buen camino, aunque su alcoholismo y arranque de celos (el muchacho se anda tirando a su hija) obstaculizan su misión.La educación es un tema sensible y por años Hollywood a hecho homenaje a la noble profesión de enseñar con cintas como To Sir With Love (1967), Dead Poets Society (1989), Rushmore(1998), Finding Forrester (2000) y hasta el Karate Kid (1984). Lo que trata de hacer Charlie Bartlett (claramente sin éxito) es enseñarnos otro ángulo, uno más egoísta y visceral pero que no convence a nadie. En su lugar, la producción debió darse una vuelta por nuestro bonito país, inspirarse en una de las muchas manifestaciones que organiza el Sindicato de Maestros y contar la historia a Doña Elba Esther. ¿Qué más egoísta y visceral quieren? En comparación, el personaje de Robert Downey Jr. es tierno y soso.
De alguna forma, todos hemos tenido maestros que han cambiado el curso de nuestras vidas. Los que lo logran son los que tienen la capacidad de sortear nuestras barreras de rebeldía y autoritarismo; los que cuando dan clases le tiran a ganarse nuestra confianza y hasta amistad. Pero la condición básica para enseñar es el respeto y es que es imposible aprender de alguien, a quien al final del día, sólo quieres hacerle la vida imposible. En alguna ocasión mi maestra de biología en secundaria le pidió ayuda al profesor de química para controlarnos. El maestro, que era de Gales, entró al salón con con una regla de madera, pasando completamente desapercibido por los 22 estudiantes que se escuchaban como la Central de Abastos en viernes de quincena. En ese momento el británico estrelló la regla en una de las mesas del laboratorio, generando tal estruendo, que provocó un silencio abrumador en el cuarto. La atención del grupo era suya. Tomó su regla, se la entregó a la maestra de biología y salió. El rostro de ella se parecía al de los primeros hombres después de descubrir la rueda. Trató de seguir con su clase, al tiempo que nosotros seguimos nuestro desmadre, pero ahora no estaba sola, tenía un poderoso instrumento de control. La mujer se paró en el centro de su pequeño estrado, apuntó con precisión el metro de madera y lo dejó caer con toda su fuerza sobre la mesa frente a ella. Con dificultad se alcanzó a escuchar un flaco "clac", lo que provocó un escaso segundo de silencio en el salón, seguido de la más pura hilaridad. Las cínicas carcajadas obligaron a la maestra a tomar sus cosas y salir con la cabeza agachada.Ahora que lo veo en retrospectiva, me siento mal por la mujer quien parecía haberse puesto el reto profesional de dejar sus clases en "maternal", para darlas en un aula llena de pubertos de catorce años. Sin embargo, también me emociona recordar a los que definitivamente moldearon mis percepciones: Lourdes (español), que me provocó mi primer desamor en primaria; Mr. Mac (literatura) que me enseñó a leer y a escribir de verdad; Mayahuel (filosofía) que me puso "10" por el resto del semestre después una plática de pasillo; Íñigo (historia) que me hizo testigo en su boda; Alejo (políticas públicas) que me hizo ambientalista; Julián (comercio internacional) que me metió a la economía y luego me ayudó a dejarla y Manuel (creación literaria) quién me enseñó a mostrar y no a demostrar. Espero que conforme pase el tiempo, la cartelera de cine mejore y esta lista se haga más grande.
5 comentarios:
Toñis, Me encantó tu reseña de la cartelera, y me tiró de la risa tu pobre maestra de biología.
Sigue escribiendo, porfa. cheeks
El miércoles pasado fui como a medio día al cine esperando hubiera algo decente pero no, nada. Vi esa de Charlie y no se me antojó, mejor me metí a ver Mamma mia! (pero shh, no le digas a nadie).
Y el viernes creo que Pineapple Express fue buena opción, aunque ese Seth Rogen corre todo el peligro de ser odiado por todos en un futuro nada lejano. Pero aún así quiero verlo en Zack and Miry make a porno a ver si la arma ¡ja!
Cuando tienes una madre que es o llegó a ser maestra créeme que respetas a todos los maestros y te burlas de los amigos que se burlan de ellos (o los pones en su lugar), siempre piensas que le pueden estar haciendo lo mismo a tu mamá. Es un hecho comprobado. Que ñoño fue eso.
Híjoles sí hay muchas porquerías en el cine, ya me estoy desesperando.
Aunque en esa necia necesidad de ver cine me topé con Dan in the real life, que aunque sea protagonizada por uno de los que mencionaste, es una película muy bien escrita a mi parecer. De esas que te gustan porque las sufres.
Yo recuerdo al profesor Finotello, un pinche italiano que enseñaba de puta madre, pero era muuuuy estricto. Era prof. de física en el Ovalle Monday.
...y ahora a aplicar todo esto en tus propios alumnos verdes y felices!
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