Hace no tanto tiempo como me gustaría pensar, cuando aún vivía con mis papás, gozaba de ciertas comodidades que hoy han quedado sepultadas debajo de varios recibos de pagos de servicios y rentas. Una de las más memorables era mi Dish Network, una especie de Sky gabacho, que me permitía ver toda la televisión que pudiera imaginar, a un precio relativamente bajo y sin infringir ninguna ley. Esto último porque la empresa no existía ni operaba propiamente en México y por lo tanto, piratear su señal quedaba amparada en una especie de limbo legal que la exentaba de ser un delito. En esa época me gustaba sentarme a escribir en mi computadora, al igual que lo estoy haciendo ahora, pero con el canal MTV2 de música de fondo. Las madrugadas de los domingos eran particularmente buenas porque repetían Subterranean, el programa que sustituyó al desaparecido 120 minutes y en el que se mostraba una selección de lo mejorcito de la música alternativa, indie o como se le llamara en su momento. Hace dos años, la noche del 21 de agosto para ser exactos (esta precisión es cortesía de los fans que publican las listas de videos que salían en el programa, domingo a domingo) fue cuando escuché por primera vez a The National. Eran los invitados de dicho programa y la verdad es que ni pelé la entrevista que les hicieron, pero captaron mi atención cuando presentaron su video "Abel"; una claustrofóbica presentación del grupo y aunque sencilla, era bastante emocionante. En ese momento pensé que eran un grupillo más de la oleada de los prefijos "the" y que no pasarían de ahí.
La verdad es que no me equivoqué del todo, porque el grupo desapareció un tiempo considerable, no volvió a ser programado en MTV2, ni en la radio, ni tampoco se hablaba de ellos en revistas o publicaciones masivas. No supe nada de ellos hasta el 6 de noviembre del siguiente año (ahora la exactitud es cortesía de Gmail), cuando la niña con la que salía me mandó ese día tres canciones por correo electrónico del nuevo disco de un grupo "que me iba a encantar y que tenía que oír". Agradecí mucho tanto el gesto, como el regalo, pero nuevamente no puse mucha atención. Obviamente se trataba de The National y lo que había pasado con ellos durante este tiempo, es que se habían enclaustrado para a escribir uno de los mejores discos de 2007 y sin duda, el que más veces he escuchado en lo que va del año, Boxer, aunque yo no lo hice hasta después del concierto que dieron en México.
La noche del 29 de marzo de este año (fecha confirmada por last.fm) fue insólita porque, por primera vez en muchos años, se traslapaban dos muy buenos shows en la ciudad. Por un lado, Justice hacía una segunda visita al país, con su celebradísimo DJ set que tanto gusta, y por el otro, el Indie'O Fest, que prometía en su cartel a Broken Social Scene y a The National. Éste último lo organizaron los muchachos de Chikita Violenta, que deberían aceptar que son mejores promotores de conciertos que músicos y dedicarse exclusivamente a esto. Por varias semanas consideré ambas opciones con mucho cuidado, aunque la decisión se tomó sola. La chava a la que le estaba tirando la onda quería ir a ver a Broken Social Scene, así que la invité, mientras que todos nuestros amigos iban a Justice. La situación con la muchacha en cuestión no prosperó, pero el concierto fue memorable.
The National está formado por Matt Berninger (voz) y dos pares de hermanos: Bryan y Scott Devendorf (bajo y bateria) y Aaron y Bryce Dessner (guitarras), que como bien señaló en alguna ocasión mi amigo Javier Manzanera, manejan el look "hobbit". En vivo se comportan como un equipo, cada uno aceptando y jugando una posición específica para ejecutar a la perfección cada canción; pero al mismo tiempo, se siente que son buenos amigos y que se la están pasando bien. Sus filas están bien divididas con los Davendorf al fondo, Scott en el bajo, siempre dándole el costado al público e intercambiando miradas con su hermano, ambos detrás de unos lentes de gota. La línea frontal la integran los Dessner flanqueando a Berniger, quien carece de la imagen prototípica del frontman de una agrupación (es alto, güero y teto), sin emabrgo en el escenario entra en un trance, un tanto ezquizoide, que logra el objetivo de emocionar al público: cierra los ojos de principio a fin de cada canción, aplaude a contratiempo, se emociona y aletea sus brazos sin moverse de su lugar. Entre piezas baja la mirada, da las gracias susurrando al micrófono y empieza la que sigue.Al final The National me convencieron que no eran una bandilla más. Salí corriendo a comprar los discos y ahora no puedo dejar de escucharlos. Me han acompañando una buena parte del año, y en muchas ocasiones, involuntariamente. A veces la verdad está en los lugares comunes. Con The National, definitivamente, descubrí el hilo negro.


2 comentarios:
Mmmmm no los he escuchado detenidamente, tendré que conseguir algunas canciones, se aceptan sugerencias.
Hombre, mi Undies, faltaba más:
Mistaken For Strangers
All The Wine
Slow Show
Abel
About Today
Publicar un comentario