Hoy, cuando no podía ser un día más frustrante, en el que apenas y juntaba dinero suficiente para la renta de mi departamento, por ahí de las 12 del día recibí una llamada de un tal Antonio que me dijo, ― ¿Tocayo? Hola.
― ¿Quién habla?― le pregunté.
― Toño, tu tocayo― a lo que yo me quedé callado.
― Toño de sistemas― siguió ―. Oye, ¿quería saber si me podías prestar tu computadora?
Le contesté que no podía, que estaba esperando cambios del storyboardista y que me urgía mandar un mail.
― Es que me la vas a tener que prestar. Es muy importante. Yo no estoy en la oficina, pero ahorita va a ir contigo Marco― justo en ese momento Marco, un hombre no muy alto con la cabeza rapada tocó mi hombro ―. Le tienes que dar tu computadora a Marco. Ahorita.
― Pues voy a tener que hablar con mi jefa, yo no le puedo dar la computadora a nadie. Estoy muy ocupado ― contesté, ya encabronado.
― Te vamos a dar otra― respondió mi "tocayo".
― Muy parecida― agregó Marco como si se hubieran puesto de acuerdo en su sincronizado plan macabro.
― Ni madres. Yo no les voy a dar nada. Voy a hablar con mi jefa que dudo mucho que esté de acuerdo con esto...
― A ver, dame la extensión de Cecilia ― interrumpió Antonio.
Colgué con él, y cual mafioso esperando la orden para acatar una sentencia Marco dijo, ― yo espero.
Acabé de mandar el mail y salí rabioso a ver a mi jefa. Antonio acababa de hablar con ella y no hubo nada más que hacer. Mi máquina fue asignada a alguien más.
Esperé toda la tarde para recibir mi nueva computadora, molestando al pobre becario para que me dejara checar mi correo en la suya. Finalmente me dieron la de la antigua directora creativa. Mucho peor que la que me quitaron.
Esta misma tarde, Cecilia me pidió que fuera a recoger un premio porque habíamos resultado finalistas en el concurso de publicidad infantil, El Chupete, por nuestro comercial de "Pancitas Felices". Subí al escenario con Luis Bassat (creativo multigalardonado en Cannes, Presidente de Bassat Ogilvy en España y candidato para presidir el FC Barcelona) y Rodrigo Ron (Presidente del festival), me tomaron unas fotos con el premio y me fui a casa, esperando ahora, juntar dinero para pagar las tarjetas de crédito.
martes, 2 de octubre de 2007
Historias de la publicidad, en boca de un economista. Vol. I
jueves, 9 de agosto de 2007
Una de cal
En la película de los Simpsons hay una escena en la que Homero pregunta qué es una epifanía. Hace rato tuve una. Fofa, mi compañera brasileña de piso, no lo pudo haber dicho mejor, "cuando la gente está machucada, hace muchas cosas que no haría normalmente, y que seguro, después se arrepiente".Sin sonar a justificación, creo que he estado "machucado" muchas veces y he dicho y hecho cosas que desafortunadamente han embarrado a mucha gente. Si usted, amable lector, es una de ellas, de todo corazón le pido una disculpa.
domingo, 3 de junio de 2007
No es que no exista, es que está subestimado
Tengo entendido que Luceli conoció a Mehdí en un viaje que hizo por Europa. Rápidamente Luceli se enamoró del mejor amigo de Mehdí y éste de la amiga de Luceli. Después, el viaje terminó y con él, el romance. Luceli encontró a Mehdí y empezaron a platicar todos los días por messenger. Se encontraron en otro viaje a Nueva York y se enamoraron. Uno realmente no escoge de quién se enamora ni donde. Se fueron a vivir juntos a Canadá y el sábado pasado los conocí a ambos en su boda.
Mehdí nació a más 13 mil kilómetros de México, en Irán, lo que probablemente lo puso en conflicto con su amada durante la pasada copa del mundo, cuando los países se enfrentaron en el primer partido del grupo. Después del primer tiempo y estar empatados a un gol, México ganó 3-1, tras las anotaciones de Omar Bravo y de Zinha. No tengo idea cómo lo habrán vivido Luceli y Mehdí, pero lo que si es un hecho, es todo lo que tuvieron que pasar para casarse.
Para llegar a la boda, los papás de Mehdí fueron a la embajada mexicana en Irán, donde cual oficina de gobierno se las hicieron de tos con todos los papeles, trámites, formas y demás burocracias para conseguir la visa. Parece que la presión gabacha para frenar la inmigración de Medio Oriente ya permeó en nuestro país. Finalmente los padres del novio tuvieron que dejar empeñadas las escrituras de sus propiedades en Irán en nuestra embajada, para poder venir. Más de 30 horas de vuelo después llegaron a México y celebraron la unión de su hijo como pocas veces tiene uno oportunidad de presenciar.
La misa fue en realidad una bendición extraña, como me lo explicó Emilia, mi date para la ocasión. Le dijo a mi agnóstico e inculto ser que la diferencia radicaba en que no hubo lectura del evangelio. El cura le pidió a Luceli que le explicara a Mehdí que le daba la bienvenida a "su iglesia, a su Dios y a su familia". Me gustó el detalle, suelo no coincidir ni congeniar mucho con el clero.
Ya en la recepción hubo un buffet de antojitos mexicanos, que no estaban mal pero tampoco increíbles. Durante la cena, el DJ puso ese disco de éxitos de los 90s en jazz que tanto suena ahora. Después de cenar, los novios pasaron a una especie de altar donde los papás de él practicaron una ceremonia, en donde a los recién casados se les espolvoreó azúcar y compartieron diferentes dulces típicos de Irán, para que tengan "un matrimonio dulce". Cuando ya abrieron pista, el DJ mezcló la típica música de boda ("pasamé la botella", caballo dorado, todas las de los animalitos, reggaeton, etc.) con éxitos iraníes. Cuando estos sonaban, los mexicanos en la pista se hacían un poco para atrás y aplaudiendo dejaban a los familires de Mehdí bailar. Reacción extraña siendo que la música era tan exótica como el "Buddha Bar".
El momento que más me conmovió en la noche fue el video que la hermana de Luceli dedicó a los novios. Más allá de ser el típico video de graduación, con imágenes que narran cronológicamente el encuentro de ambos amantes, sobrepuesto a la canción de "te amaré" de Miguel Bosé, logra por completo, y debo decir sorprendentemente, capturar el amor que verdaderamente se vibra entre estas dos personas.
Luceli y Mehdí se conocieron por accidente, tuvieron ondas respectivamente con sus mejores amigos y por azares de la vida, terminaron profundamente enamorados. Se casaron en México en una boda que, con mucho esfuerzo, trataba de ser como las demás bodas: las amigas de la novia corriendo como gallinas sin cabeza al rededor del salón antes del ramo, los novios bailando "You're still the one" de Shania Twain, los colados como yo, tratando de beber gratis. Sin embargo, la boda de Luceli y Mehdí fracasó en su objetivo de ser como las demás. Fue una auténtica celebración del amor entre dos personas y todos los presentes, iraníes, mexicanos y canadienses brindamos por éso. ¡Salud!
Mehdí nació a más 13 mil kilómetros de México, en Irán, lo que probablemente lo puso en conflicto con su amada durante la pasada copa del mundo, cuando los países se enfrentaron en el primer partido del grupo. Después del primer tiempo y estar empatados a un gol, México ganó 3-1, tras las anotaciones de Omar Bravo y de Zinha. No tengo idea cómo lo habrán vivido Luceli y Mehdí, pero lo que si es un hecho, es todo lo que tuvieron que pasar para casarse.
Para llegar a la boda, los papás de Mehdí fueron a la embajada mexicana en Irán, donde cual oficina de gobierno se las hicieron de tos con todos los papeles, trámites, formas y demás burocracias para conseguir la visa. Parece que la presión gabacha para frenar la inmigración de Medio Oriente ya permeó en nuestro país. Finalmente los padres del novio tuvieron que dejar empeñadas las escrituras de sus propiedades en Irán en nuestra embajada, para poder venir. Más de 30 horas de vuelo después llegaron a México y celebraron la unión de su hijo como pocas veces tiene uno oportunidad de presenciar.
La misa fue en realidad una bendición extraña, como me lo explicó Emilia, mi date para la ocasión. Le dijo a mi agnóstico e inculto ser que la diferencia radicaba en que no hubo lectura del evangelio. El cura le pidió a Luceli que le explicara a Mehdí que le daba la bienvenida a "su iglesia, a su Dios y a su familia". Me gustó el detalle, suelo no coincidir ni congeniar mucho con el clero.
Ya en la recepción hubo un buffet de antojitos mexicanos, que no estaban mal pero tampoco increíbles. Durante la cena, el DJ puso ese disco de éxitos de los 90s en jazz que tanto suena ahora. Después de cenar, los novios pasaron a una especie de altar donde los papás de él practicaron una ceremonia, en donde a los recién casados se les espolvoreó azúcar y compartieron diferentes dulces típicos de Irán, para que tengan "un matrimonio dulce". Cuando ya abrieron pista, el DJ mezcló la típica música de boda ("pasamé la botella", caballo dorado, todas las de los animalitos, reggaeton, etc.) con éxitos iraníes. Cuando estos sonaban, los mexicanos en la pista se hacían un poco para atrás y aplaudiendo dejaban a los familires de Mehdí bailar. Reacción extraña siendo que la música era tan exótica como el "Buddha Bar".
El momento que más me conmovió en la noche fue el video que la hermana de Luceli dedicó a los novios. Más allá de ser el típico video de graduación, con imágenes que narran cronológicamente el encuentro de ambos amantes, sobrepuesto a la canción de "te amaré" de Miguel Bosé, logra por completo, y debo decir sorprendentemente, capturar el amor que verdaderamente se vibra entre estas dos personas.
Luceli y Mehdí se conocieron por accidente, tuvieron ondas respectivamente con sus mejores amigos y por azares de la vida, terminaron profundamente enamorados. Se casaron en México en una boda que, con mucho esfuerzo, trataba de ser como las demás bodas: las amigas de la novia corriendo como gallinas sin cabeza al rededor del salón antes del ramo, los novios bailando "You're still the one" de Shania Twain, los colados como yo, tratando de beber gratis. Sin embargo, la boda de Luceli y Mehdí fracasó en su objetivo de ser como las demás. Fue una auténtica celebración del amor entre dos personas y todos los presentes, iraníes, mexicanos y canadienses brindamos por éso. ¡Salud!
martes, 29 de mayo de 2007
Ahora en papel
En la más reciente entrega de la revista Quo aparece la primera colaboración que hice para ellos, disponible en todos los puestos de revistas del país.
lunes, 28 de mayo de 2007
Más de lo que ves
La premisa de Transformers, la próxima película Michael Bay y de las caricaturas que con tanta devoción veía en los ochentas, es que un grupo de robots extraterrestres emigran a la Tierra, ante la falta de alimento en su propio planeta. Como si los 6,602,224,175 individuos que actualmente la habitamos no fuéramos suficientes. El caso es que como son robots gigantes y los seres humanos somos bastante paranoides, toman la forma de diferentes vehículos para camuflajearse entre nosotros. De esta forma se "transforman" a voluntad de una cosa a otra y de ahí, el título de la historia. Yo quiero ser un Transformer.Desde niño siempre he sido muy aprehensivo, producto tanto de la educación terrorista que recibí, como de mi propia personalidad. El problema es que al combinar ambos factores, me convertí en alguien muy susceptible e incluso frágil ante la frustración. No me gusta que las cosas no salgan a mi manera. Cuando quiero algo, cuando por fin me cae el 20 y me doy cuenta de que éso es lo que necesito, hago todo en mi poder para conseguirlo. Soy tenaz, ambicioso y hasta rayo en lo obsesivo. Claro, para llegar hasta ese punto pasaron varios sentimientos opuestos como desidia, conformismo y hasta la más pura hueva.
Cuando uno va por algo, siempre hay un límite en nuestras posibilidades, no todo depende de nosotros y sería muy ególatra pensar lo contrario. En cualquier meta, proyecto o esfuerzo hay una variable exógena cuyo desenvolvimiento no depende para nada de uno. A esta variable exógena la llamamos "suerte".
Es horrible pensarlo así, pero es vital aceptar la suerte y ponernos a sus pies, cuando ya hemos hecho todo lo que sí estaba en nuestras manos para ver el desenlace en cuestión. Una entrevista de trabajo por ejemplo. Puede ser el trabajo para el que naciste, prepararte para las entrevistas y exámenes, vestirte con tus mejores trapos, tener un extraordinario desenvolvimiento, la gracia y el carisma necesarios, pero ¿de qué depende realmente? Que no haya alguien con mejor curriculum, mejores trapos, más agradable, gracioso y seguro de sí mismo, con más experiencia o que simplemente le guste más al reclutador. Siendo muy honestos, que ése ser asqueroso llegara por el mismo puesto que uno, realmente no depende de nosotros.Siendo consciente de todo esto, últimamente han habido cosas que me han salido bien y cosas que no; cosas con las que sé que no he hecho todo lo que tenía que hacer para conseguirlas y aun así las logro, y contrariamente, cosas en las que realmente me he esforzado pero me la he pelado. De niño pensaba que cuando algo no me salía bien, es porque en futuro sería compensado por una fuerza superior, probablemente divina. Hoy me doy cuenta que básicamente la vida no es justa y la única compensación que uno obtendrá de un fracaso es el aprendizaje intrínseco del mismo. Es un hecho, cada cagada tiene su lección.
Por lo tanto, me guste o no, las cosas no siempre van a salir como yo las planeé, pero aceptarlo no le quita el tan grotesco sabor que deja la frustración. Por eso, como los Transformers me quiero convertir en algo para poder pasar desapercibido entre mis fracasos y creo que la forma que quiero tomar es la de un hippie. Pero no un hippie tocatambores de Coyoacán. Yo quiero ser uno como Jeffrey "The Dude" Lebowsky, con la indiferencia que le permite después de tener uno de los peores días de su vida, servirse un Ruso Blanco y tirarse en su tapete a contemplar el techo de su departamento.Me quiero transformar en alguien que, al final del día, se muerda la lengua y sonría.
miércoles, 25 de abril de 2007
¡Ay nanita!
Puedo vivir perfectamente con las cosas que nos mueven, que nos entristecen, que nos sorprenden y que nos alarman. Pero hay algunas cosas que simple y sencillamente me sacan de pedo. Esa sensación "dimensión-desconocidezca", como que te desconectaron del Matrix, que cambió tu realidad, en un sentido puramente existencialista que no somos nada o, como dijo Mafalda: "paren la Tierra, que me quiero bajar". Con esas cosas tengo problema.
Hoy tuve uno de esos episodios, aunque claro, para variar me lo busqué. Hay gente que paga por que lo asusten en el cine. Ese masoquismo colectivo que ha hecho millonarios a Freddy Krueger, a Jason, al niño que ve muertos, a la bruja de Blair, al exorcista y a Al Gore. Yo, en particular odio las películas de terror, y en cambio, pago mucho más dinero a mi psicóloga para experimentar revelaciones brutales.
La situación ocurrió más o menos así. Mi terapeuta tocó un nerviecillo álgido en mi psique. Es como cuando un doctor regular checa tus reflejos y te da un golpecito en la rótula de la rodilla con un martillo. La pierna se dispara violentamente, ante el contacto que hubo con la terminal nerviosa. Igualmente mi cerebro reaccionó en protesta ante las palabras de la doctora, y desembocó un cansancio repentino que no me permitía escuchar con atención lo que la doctora trataba de decir y en cambio, me hacía luchar porque mis ojos permanecieran abiertos. Un mecanismo de defensa digno para desarrollar un episodio de Hitchcock.
Sin embargo lo más extraño pasó después, cuando en la plática salió una idea de conocerse a sí mismo. Hasta hoy pensé que sabía quién era. Pues resulta que algunas personas tienen perfectamente identificado el cómo quieren ser, aunque no necesariamente coincide con quien realmente son. Muchas veces desarrollamos nuestra personalidad basándonos más bien, en quien no queremos ser. Hay un ejemplo muy sencillo. Cuando las mamás tienen frío, no importa que la temperatura real sea de 35 grados, ella le pone el sweater al niño. O como el voto útil que hizo que ganara Fox, "no me importa quien gane pero que no gane el PRI", con la personalidad es lo mismo, "no me importa quién soy, pero no quiero ser tal..."
El punto es que después de tener esta reflexión, por unos cuantos segundos me quedé vacío, con una momentánea amnesia que me dejó sin identidad. Cientos de pensamientos iban y regresaban en mi pobre cabeza desolada. Tantos años de defender algo que no existe. De construir un personaje y hacerlo vivir cosas que nunca sucedieron. Una imagen falsa y un ente totalmente nuevo que descubrir. La psicóloga rápidamente intervino recordándome la esencia de mi ser, pero lo más importante fue enseñarme que cuando haga recorridos turísticos por mi personalidad, tengo que distinguir la máscara de quien uno es en realidad. Me saqué de pedo.
Hoy tuve uno de esos episodios, aunque claro, para variar me lo busqué. Hay gente que paga por que lo asusten en el cine. Ese masoquismo colectivo que ha hecho millonarios a Freddy Krueger, a Jason, al niño que ve muertos, a la bruja de Blair, al exorcista y a Al Gore. Yo, en particular odio las películas de terror, y en cambio, pago mucho más dinero a mi psicóloga para experimentar revelaciones brutales.La situación ocurrió más o menos así. Mi terapeuta tocó un nerviecillo álgido en mi psique. Es como cuando un doctor regular checa tus reflejos y te da un golpecito en la rótula de la rodilla con un martillo. La pierna se dispara violentamente, ante el contacto que hubo con la terminal nerviosa. Igualmente mi cerebro reaccionó en protesta ante las palabras de la doctora, y desembocó un cansancio repentino que no me permitía escuchar con atención lo que la doctora trataba de decir y en cambio, me hacía luchar porque mis ojos permanecieran abiertos. Un mecanismo de defensa digno para desarrollar un episodio de Hitchcock.
Sin embargo lo más extraño pasó después, cuando en la plática salió una idea de conocerse a sí mismo. Hasta hoy pensé que sabía quién era. Pues resulta que algunas personas tienen perfectamente identificado el cómo quieren ser, aunque no necesariamente coincide con quien realmente son. Muchas veces desarrollamos nuestra personalidad basándonos más bien, en quien no queremos ser. Hay un ejemplo muy sencillo. Cuando las mamás tienen frío, no importa que la temperatura real sea de 35 grados, ella le pone el sweater al niño. O como el voto útil que hizo que ganara Fox, "no me importa quien gane pero que no gane el PRI", con la personalidad es lo mismo, "no me importa quién soy, pero no quiero ser tal..."
El punto es que después de tener esta reflexión, por unos cuantos segundos me quedé vacío, con una momentánea amnesia que me dejó sin identidad. Cientos de pensamientos iban y regresaban en mi pobre cabeza desolada. Tantos años de defender algo que no existe. De construir un personaje y hacerlo vivir cosas que nunca sucedieron. Una imagen falsa y un ente totalmente nuevo que descubrir. La psicóloga rápidamente intervino recordándome la esencia de mi ser, pero lo más importante fue enseñarme que cuando haga recorridos turísticos por mi personalidad, tengo que distinguir la máscara de quien uno es en realidad. Me saqué de pedo.
martes, 10 de abril de 2007
La ironía según la Maestra Morissette
En algún momento escuché en una rutina de stand-up, a un comediante destrozar cada uno de los ejemplos que Alanis Morissette cita en su canción "Ironic", para describir lo que es en sí la ironía. Al recorrer los fallidos ejemplos entre los que sobresalen las "10 mil cucharas cuando lo único que necesitas es un cuchillo" o "el buen consejo que nada más no tomaste" uno no puede dejar de sentir una cierta penita ajena por Alanis. Las diferentes viñetas a lo largo de toda su canción más que situaciones irónicas apenas y logran narrar episodios de mala suerte. Incluso el tema ya se puede buscar como tal en la tan útil Wikipedia. Lo verdaderamente irónico del asunto es el hecho de tratar de componer una canción para ejemplificar lo que es la ironía sin lograrlo. Su meta era ambiciosa y no por nada le costó un trabajo a Wynona Ryder en Reality Bites cuando no pudo darle a un editor una definición verbal de ironía.Hoy, sin embargo, justo al salir del consultorio de mi gastroenterólogo, entendí a Alanis y lo que su cabecita de 21 años trató de decirle al mundo en 1996.
Al escribir esta entrega de blog, estoy a escasas 24 horas de alcanzar oficialmente el fin de mi juventud. Sinceramente nunca he creído eso de que la juventud está en la mente, no cuando se me cae el pelo y tengo que visitar un gastroenterólogo. He dejado de ser joven y tengo que aceptarlo. Suelo no ser muy celebrativo al acercarse mi cumpleaños, pero después de una semana santa de beber cual adolescente pensé, ¿por qué no? Mi cuerpo de todas formas no me seguirá el paso por mucho más cumpleaños de excesos. Así que decidí hacer un festejo por cada década vivida. Por ahí del domingo estaba realmente emocionado con esta idea, hasta el grado de dejarlo plasmado en algún momento del texto que escribí para la invitación electrónica y que decía lo siguiente:
"La buena noticia es que el alcohol es un estupefaciente legal en este país, por lo que los invito a que olvidemos juntos todas mis expectativas no cumplidas. Una sola fecha no era suficiente para celebrar dicha ocasión, por lo que la fiesta correrá a lo largo de tres fines de semana..."
Un bar, la tocada de mi nuevo grupo favorito y una fiesta alrededor de una alberca serán las sedes para alojar mi deseo de celebración etílica. Frustrado por completo después de mi visita de hoy con el gastro, quien diagnosticó que esa molestia que me venía aquejando desde hace ya tres semanas, se trataba de un cuadro de esofagitis y reflujo, por lo que debería de guardar una dieta muy estricta y por supuesto, no beber ni una sola copa. En términos coloquiales, los ácidos de mi estómago, están escapando de las paredes del mismo, para subir por el esófago y quemarlo a su paso.
Ésa es exactamente la experiencia que quiso atrapar y transmitir Alanis en su canción. Ése es el sentimiento que te hace creer que los planetas se han alineado para frustrar tus planes. Que el mundo está en tu contra y que te sientes tan pendejo como vulnerable. Pero no deja de ser puritita mala suerte, no una ironía y lo único que nos queda por decir, es lo que me dijo alguien a quien quiero mucho hoy cuando le conté: "ay dio".
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